Estos días pasados el ministro de Asuntos Exteriores de España ha ido a Guinea Ecuatorial a ver si puede sacar algo pero sin que parezca que apoya a un dictador como Obiang. Para disimular se ha llevado a Fraga Iribarne, que parece es muy querido allá porque propició la independencia de la antigua colonia española. Obiang, cuando lo vio en tan avanzada edad y desmejorado, le dijo que valoraba el esfuerzo que debía suponer para él el viaje ya que estaba en las últimas. Fraga torció el gesto pero no contestó a lo que desde el punto de vista africano parece que es un cumplido.
Moratinos compareció con el dictador en una rueda de prensa y se puso una bonita banda diplomática de colores como la que lucen los alcaldes italianos. Dijo que había ‘progresos’ en libertades y derechos humanos, dijo que la dirección era la adecuada, y que el presidente Zapatero visitaría el país cuando las circunstancias y la agenda lo aconsejasen. No podía decir más sin aguantarse la risa ni menos sin que Obiang le mandara a Black Beach.
Luego sacó a los empresarios y les recordó cuánto hay que hacer en un país que hace poco descubrió que tenía petróleo. Ale, yo ya he cumplido: vosotros a hacer patria. El constructor Francisco Hernando, llamado ‘El Pocero’ por los envidiosos, se le adelantó hace tiempo y está allí haciendo casas, ya que no le quieren en España (¿cómo se le ocurrió contratar a Alfredo Urdaci de relaciones públicas?).
La crisis obliga a buscar negocio debajo de las piedras, y aunque todos sabemos que Obiang es un dictador, tiene dinero, así que miremos para otro lado como miramos en Cuba, China o Arabia Saudí. Poco a poco aprendemos de Estados Unidos, que no tiene ni amigos ni enemigos, sino intereses.
martes, 14 de julio de 2009
domingo, 12 de julio de 2009
< Con palabras: Intercambio

Puede parecer la broma de un vecino, un campo de aterrizaje de naves espaciales o un aquelarre de la semiótica. Pero no, lo ha puesto el Ayuntamiento en mitad de un parque infantil lleno de pintadas como en el Bronx. No hay pasos de peatones ni coches en varias decenas de metros a la redonda. El suelo es de hormigón. No hay carriles para bicicletas. No hay nada digno de verse a este ni al otro lado de la señal. No tiene ninguna justificación aparente.
Pero en los bancos que hay cerca, al atardecer, se sientan los ancianos y los adolescentes y se ríen de la señal. Al menos los primeros días. Con qué poco esfuerzo se puede a veces hacer feliz a tanta gente. Aunque a lo peor a costa de que en otro punto de la ciudad un coche haya atropellado a un triste peatón ensimismado en una señal de ‘No pisar el césped’.
Puerto de la Torre, Málaga
viernes, 10 de julio de 2009
> Porque yo lo valgo: Bibiana Aído
Hace unos días escribía sobre Carme Chacón, que en cierta forma, y no sé si a su pesar, ha creado escuela. Bibiana Aído, ministra de Igualdad, no sólo supera a su compañera de gabinete, sino que podría darle clases para subir nota.
Fue nombrada por Zapatero para un ministerio que no existía (acaso aún no exista), que no tenía ni personal propio ni dotación, y con unas competencias que cuadraban en cualquier otro ministerio menos en éste. Para un cargo así sólo podían nombrar a alguien con un currículum acorde: la directora del Instituto Andaluz del Flamenco. Ele, ele, arsa, arsa, y tiro porque me toca.
El caso es que ella debía justificar el sueldo y el cargo, y no teniendo otros activos para hacerse notar se le ocurrió aquella ‘boutade’ de ‘miembra’, que hasta en la RAE, tan comedidos, estuvieron rascándose durante semanas.
Después de aquello, en dura competencia con las empanadillas de Móstoles, le recomendaron que mantuviera un perfil bajo, y durante un par de meses apenas se la veía y nunca se la escuchaba (ni se la oía). Luego le buscaron una competencia, que era la de ‘pilotar’ la nueva ley del aborto: tuvo dos comparecencias públicas, un cameo en un programa matutino para señoras, y otra vez con el perfil bajo. Si hay que hablar de la nueva ley del aborto, sale Trinidad Jiménez, ministra de Sanidad. Ahora ella sólo sale en las cabeceras de las manifestaciones en representación del gobierno.
No hay nada como los padrinos, las cuotas y las ideas brillantes para despertar a quien todavía debería estar durmiendo.
Fue nombrada por Zapatero para un ministerio que no existía (acaso aún no exista), que no tenía ni personal propio ni dotación, y con unas competencias que cuadraban en cualquier otro ministerio menos en éste. Para un cargo así sólo podían nombrar a alguien con un currículum acorde: la directora del Instituto Andaluz del Flamenco. Ele, ele, arsa, arsa, y tiro porque me toca.
El caso es que ella debía justificar el sueldo y el cargo, y no teniendo otros activos para hacerse notar se le ocurrió aquella ‘boutade’ de ‘miembra’, que hasta en la RAE, tan comedidos, estuvieron rascándose durante semanas.
Después de aquello, en dura competencia con las empanadillas de Móstoles, le recomendaron que mantuviera un perfil bajo, y durante un par de meses apenas se la veía y nunca se la escuchaba (ni se la oía). Luego le buscaron una competencia, que era la de ‘pilotar’ la nueva ley del aborto: tuvo dos comparecencias públicas, un cameo en un programa matutino para señoras, y otra vez con el perfil bajo. Si hay que hablar de la nueva ley del aborto, sale Trinidad Jiménez, ministra de Sanidad. Ahora ella sólo sale en las cabeceras de las manifestaciones en representación del gobierno.
No hay nada como los padrinos, las cuotas y las ideas brillantes para despertar a quien todavía debería estar durmiendo.
miércoles, 8 de julio de 2009
> Día del orgullo gay
Este domingo pasado se celebró el día del orgullo gay. En Madrid hubo una cabalgata multitudinaria (¿medio millón de asistentes?) a la que asistieron representantes de todos los partidos, asociaciones y sindicatos, excepto obispos. En la prensa, el tratamiento iba desde la simpatía de “El País” hasta la información contenida de “El Mundo”.
Debo ser algo anticuado, aunque sin llegar al nivel de los obispos, porque estas manifestaciones no me gustan mucho. Desde el punto de vista estético me parecen muy horteras, y desde el punto de vista pelambrético me parecen de ‘pensamiento único’. Dan la impresión de que la homosexualidad es esto: cueros, mostachos, músculos, reinonas. Es como si por el hecho de ser heterosexual me tuviera que gustar Samantha Fox o Pamela Anderson, o por el hecho de ser español fuera vestido de torero o con una faca en la faja y sombrero cordobés.
Entiéndaseme: los asistentes a la cabalgata tienen todo el derecho del mundo a salir a la calle respetando ciertas normas, pero la insistencia en arrogarse la representación del colectivo homosexual me parece que poco hace a favor de sus reivindicaciones. Demasiada purpurina, plumas y cadenas para tomarlos en serio, lo siento.
Y ya puestos, como guinda, el pregón que parece hizo Soraya: “pido perdón por ser heterosexual”.
Debo ser algo anticuado, aunque sin llegar al nivel de los obispos, porque estas manifestaciones no me gustan mucho. Desde el punto de vista estético me parecen muy horteras, y desde el punto de vista pelambrético me parecen de ‘pensamiento único’. Dan la impresión de que la homosexualidad es esto: cueros, mostachos, músculos, reinonas. Es como si por el hecho de ser heterosexual me tuviera que gustar Samantha Fox o Pamela Anderson, o por el hecho de ser español fuera vestido de torero o con una faca en la faja y sombrero cordobés.
Entiéndaseme: los asistentes a la cabalgata tienen todo el derecho del mundo a salir a la calle respetando ciertas normas, pero la insistencia en arrogarse la representación del colectivo homosexual me parece que poco hace a favor de sus reivindicaciones. Demasiada purpurina, plumas y cadenas para tomarlos en serio, lo siento.
Y ya puestos, como guinda, el pregón que parece hizo Soraya: “pido perdón por ser heterosexual”.
lunes, 6 de julio de 2009
> Otra de cacerías
Hace unos meses dimitió, caso insólito, el ministro de Justicia por una cacería. Ahora le toca el turno al director de CNI por una jornada de pesca. Aparece él tan ufano en la popa de un barco de lujo exhibiendo un pobre y enorme pez como el ministro Bermejo con gorro tirolés y loden. Un subordinado (o a lo peor él mismo con Photoshop) se dedicó a cambiarle la cara por la de un guardia civil, por aquello del qué dirán. Pero los de “El Mundo” estaban ahí y no cayeron en el despiste. Vaya espías que no confunden ni a periodistas.
Se le acusa de usar fondos públicos para disfrute personal (caza y pesca en países exóticos), de mandar subordinados a limpiar su piscina, de contratar a familiares e incluso de pincharle el teléfono a la chacha de un amigo con problemas: vicios muy hispanos. Él lo ha negado todo de principio a fin, pero ha dimitido, lo que quiere decir que es culpable porque ha hecho lo que tiene que hacer para parecerlo. Es el precio que quizá tenga que pagar para no ser juzgado si el informe que ha pedido Chacón no le es favorable (sólo el hecho de pedirlo ya resulta inculpador).
Para evitarse disgustos futuros el Gobierno ha decidido nombrar a un general para el cargo, ya que es de sobra conocido que no tiene piscina ni aficiones cinegéticas. Para el próximo hueco llamarán a un cura, que tienen placeres más baratos.
Se le acusa de usar fondos públicos para disfrute personal (caza y pesca en países exóticos), de mandar subordinados a limpiar su piscina, de contratar a familiares e incluso de pincharle el teléfono a la chacha de un amigo con problemas: vicios muy hispanos. Él lo ha negado todo de principio a fin, pero ha dimitido, lo que quiere decir que es culpable porque ha hecho lo que tiene que hacer para parecerlo. Es el precio que quizá tenga que pagar para no ser juzgado si el informe que ha pedido Chacón no le es favorable (sólo el hecho de pedirlo ya resulta inculpador).
Para evitarse disgustos futuros el Gobierno ha decidido nombrar a un general para el cargo, ya que es de sobra conocido que no tiene piscina ni aficiones cinegéticas. Para el próximo hueco llamarán a un cura, que tienen placeres más baratos.
sábado, 4 de julio de 2009
> La entrevista a Zapatero
El pasado domingo el suplemento dominical de "El País" publicó pequeñas vidas de cien españoles anónimos, desde un prostituto a una ladrona pasando por el director de una multinacional. En las primeras páginas se reproducía (supongo que) parte de la entrevista que un grupo de cuatro españoles ‘de la calle’ tuvieron con el presidente del Gobierno en su despacho de Moncloa. Aparte del melifluo contenido y de la hagiografía de Zapatero, me pregunto: ¿por qué se entrevistó el presidente con esas personas?
Podríamos pensar: “Para que conociera la opinión de personas normales, como usted o yo”. ¿Por qué, entonces, publicarlo en un periódico si el interés lo tenía Zapatero? También podría ser por el bien de estas personas, que nunca se han codeado con estas altas jerarquías. Tampoco, porque el periódico no iba dirigido a ellos. Por otro lado sus preguntas, escasas y cómodas, no justificaban el esfuerzo.
A veces hay que escribir ciertas cosas para verlas claras, porque de tan obvias que son pueden parecer otra cosa gracias al interés. Vimos esa reunión en un dominical porque le convenía al presidente y le convenía al periódico. Al primero para reforzar su quemada imagen en estos tiempos de zozobra, para que nos identifiquemos con su proximidad y sus desvelos. Al periódico, porque ¿qué otra información podría ser más apetecible que la accesibilidad a (que no ‘de’) un presidente del Gobierno?
Como dicen en una conocida serie de televisión, todos mienten. Parece un ejercicio de democracia transversal, pero no: es un depósito a plazo para periódico y presidente con un interés compartido.
Por último: Zapatero dijo que “presidente del Gobierno pueden ser cientos de miles de españoles”. Como poder, pueden serlo cuarenta millones. Lo deseable es que lo sea el que sepa hacerlo mejor, que sólo es uno que no diga que vale cualquiera.
Podríamos pensar: “Para que conociera la opinión de personas normales, como usted o yo”. ¿Por qué, entonces, publicarlo en un periódico si el interés lo tenía Zapatero? También podría ser por el bien de estas personas, que nunca se han codeado con estas altas jerarquías. Tampoco, porque el periódico no iba dirigido a ellos. Por otro lado sus preguntas, escasas y cómodas, no justificaban el esfuerzo.
A veces hay que escribir ciertas cosas para verlas claras, porque de tan obvias que son pueden parecer otra cosa gracias al interés. Vimos esa reunión en un dominical porque le convenía al presidente y le convenía al periódico. Al primero para reforzar su quemada imagen en estos tiempos de zozobra, para que nos identifiquemos con su proximidad y sus desvelos. Al periódico, porque ¿qué otra información podría ser más apetecible que la accesibilidad a (que no ‘de’) un presidente del Gobierno?
Como dicen en una conocida serie de televisión, todos mienten. Parece un ejercicio de democracia transversal, pero no: es un depósito a plazo para periódico y presidente con un interés compartido.
Por último: Zapatero dijo que “presidente del Gobierno pueden ser cientos de miles de españoles”. Como poder, pueden serlo cuarenta millones. Lo deseable es que lo sea el que sepa hacerlo mejor, que sólo es uno que no diga que vale cualquiera.
jueves, 2 de julio de 2009
< Con palabras: Educación

Hace unos años cuando algo estaba roto o en obras, estaba roto o en obras, lo tenías que descubrir por ti mismo y te tenías que aguantar. Supongo que conforme los españoles fuimos viajando a Londres y empezamos a ver esos ubicuos carteles de “Sorry”, “We regret” y “We apologize” nos pareció que debíamos importar esta costumbre y superarla para quitarnos el complejo de caspa.
Ahora veo carteles de ese tipo por todas partes, pero no sólo informativos, sino como sustitutos de vallas protectoras, como improvisados puentes sobre socavones, como cerramientos de almacenes… En fin, que debemos practicar más para que nos salga tan natural como a los británicos, que sólo ponen uno pero en su justo sitio.
Obras en el aeropuerto de Málaga
Suscribirse a:
Entradas (Atom)