Ya que estamos en las fechas, aprovecharé la ocasión. Justo es decir que con la Semana Santa me ocurre como con los toros, que no me gustan pero los defiendo. Esa aparente contradicción la sostengo en el elogio de la diferencia, lo único que nos conmueve.
Sé que el toro sufre, que es un espectáculo sanguinolento y nada edificante (si es que éste puede ser un adjetivo a aplicar a la diversión). Los pasos de las cofradías, no tienen nada que ver con la religión sino con la visibilidad social y artísticamente son empalagosos. Pero tanto los toros como los tronos de la Semana Santa tienen el prestigio de la tradición, mueven a la gente a la calle, desatan discusiones y, sobre todo, son propios. No le deben nada a la razón ni al buen gusto, son otra cosa.
La alternativa surgida de la reflexión sería algo parecido a los carnavales de Toronto. ¿Conocen a alguien que se haya desplazado hasta allí para verlos? Yo tampoco. No anima ni al asfalto sobre el que transcurre, y lo único dionisíaco es un enfermizo y estéril exceso de alcohol solitario.
En las Semanas Santas sevillana y malagueña, las que conozco, la ciudad se echa a la calle, se corta el tráfico, la gente cena fuera, los jóvenes hacen botellón en el Paseo de los Curas y luego duermen en la playa. La burguesía se aposta en los balcones de las consultas y, antiguamente, la plebe en la Tribuna de los Pobres, junto al río. Vitorean a los costaleros que mecen los tronos a pulso, cantan saetas. El aire en Sevilla marea de azahar, la gente se resbala con la cera, y en Málaga, cuando llega la Servita se apagan todas las luces y nadie se atreve a decir una palabra a su paso.
Peregrinen al menos una vez. Cada vez hay más Toronto.
PS/ En Sevilla, a los tronos se les llama pasos, y en Málaga, a los pasos se les llama tronos.
jueves, 9 de abril de 2009
miércoles, 8 de abril de 2009
< Con palabras: Mi padre es basurero
A ver cómo lo explico: me ha encantado este dibujo. Uno piensa que la profesión de basurero no es como para decirla en alto (es un prejuicio, está claro) delante de los amiguitos y en el tablón de anuncios. Pero un niño de pocos años va y lo escribe entre otras profesiones como informático, abogado, profesor... que tienen más lustre.Es un niño, pero si su padre le hubiera dicho que él es un 'técnico de limpieza', él hubiera escrito eso, y no me gustaría este dibujo.
Si yo fuera el niño o su padre, estaría orgulloso.
Biblioteca pública 'Vicente Espinel', Puerto de la Torre, Málaga
martes, 7 de abril de 2009
> A favor del papel (tímidamente)
En aquellos tiempos idos los teléfonos sólo tenían un teclado o un disco y no veíamos el número que marcábamos ni el que nos llamaba. Ahora todo tiene pantalla y no podemos vivir sin ver lo que tecleamos ni lo que teclean otros, ni quién nos llamó cuando no estábamos, a qué hora y cuántas veces.
Se hace difícil imaginar cómo nos las apañábamos en aquellos tiempos tan escuetos, sin internet y con colas para todo. Se supone que este despliegue tecnológico nos ahorra mucho tiempo para dedicarlo a las cosas que realmente nos interesan; yo, por mi parte, lo malgasto a manos llenas.
Todo tiene que hacerse sin esfuerzo (eso es la usabilidad), aun sacrificando el interés o el contenido. Ya empiezan a verse portátiles con pantalla táctil, y el Iphone es el color del éxito tecnológico: el escribir se convierte en anécdota entre tantos iconos en relieve que lo ponen todo al alcance del índice. Incluso con los emoticones uno se ahorra la tediosa tarea de explicarse: ¿por qué escribir ‘esto que acabo de decir es una broma’, si podemos teclear :-)?
Si no fuera por la ¿inútil? tenacidad de los que aún editan en papel, de los que escriben de una forma u otra, de los que los compran e incluso leen libros, periódicos y revistas, estos logros técnicos parecerían el artefacto de Anticitera para un arqueólogo del futuro.
Se hace difícil imaginar cómo nos las apañábamos en aquellos tiempos tan escuetos, sin internet y con colas para todo. Se supone que este despliegue tecnológico nos ahorra mucho tiempo para dedicarlo a las cosas que realmente nos interesan; yo, por mi parte, lo malgasto a manos llenas.
Todo tiene que hacerse sin esfuerzo (eso es la usabilidad), aun sacrificando el interés o el contenido. Ya empiezan a verse portátiles con pantalla táctil, y el Iphone es el color del éxito tecnológico: el escribir se convierte en anécdota entre tantos iconos en relieve que lo ponen todo al alcance del índice. Incluso con los emoticones uno se ahorra la tediosa tarea de explicarse: ¿por qué escribir ‘esto que acabo de decir es una broma’, si podemos teclear :-)?
Si no fuera por la ¿inútil? tenacidad de los que aún editan en papel, de los que escriben de una forma u otra, de los que los compran e incluso leen libros, periódicos y revistas, estos logros técnicos parecerían el artefacto de Anticitera para un arqueólogo del futuro.
domingo, 5 de abril de 2009
> Mis Ítacas
Hace unos días reproduje en este dietario el maravilloso poema de Cavafis ‘Ítaca’. Sin duda (es un decir) la intención del autor abarcaba toda una vida, pero aquí me gustaría resaltar los siguientes versos:
Hace muchos años que no hago un viaje que merezca el nombre de tal, pero cuando los hacía tanto mis amigos como mi familia se aterraban con los destinos que escogía y mi forma de viajar (sólo tenía previsto los billetes de ida y vuelta).
Pensándolo ahora, tanto ellos como yo teníamos razón, porque no hay nada que atraiga más al lobo que el olor del miedo. En mis viajes nunca me pasó nada grave, ni me robaron ni me engañaron de una forma evidente, y en buena parte lo achaco a que iba ilusionado y, sin llegar a la temeridad, no me imaginaba que me pudiera ocurrir algo desagradable. Sin embargo, si cualquiera de los que me desaconsejaban la partida hubiera ido en mi lugar, seguro que hubiera tenido problemas.
Lo que nos pasa es lo que somos, por eso hay que combatir el miedo, la ignorancia y el provincianismo, que son todas manifestaciones de una misma pereza heredada. Pero reconozco que es una herencia tan cómoda como útil.
Mis padres nunca se enteraban exactamente del destino, primero porque no sabían de geografías y segundo porque yo era parco en descripciones. Así ninguno sufría más de lo necesario. Pero si dentro de unos años mis hijos me dijeran lo mismo, mi obligación sería empezar a temblar, y la suya hacérmelo más difícil. No hay otra forma, por suerte.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Posidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Hace muchos años que no hago un viaje que merezca el nombre de tal, pero cuando los hacía tanto mis amigos como mi familia se aterraban con los destinos que escogía y mi forma de viajar (sólo tenía previsto los billetes de ida y vuelta).
Pensándolo ahora, tanto ellos como yo teníamos razón, porque no hay nada que atraiga más al lobo que el olor del miedo. En mis viajes nunca me pasó nada grave, ni me robaron ni me engañaron de una forma evidente, y en buena parte lo achaco a que iba ilusionado y, sin llegar a la temeridad, no me imaginaba que me pudiera ocurrir algo desagradable. Sin embargo, si cualquiera de los que me desaconsejaban la partida hubiera ido en mi lugar, seguro que hubiera tenido problemas.
Lo que nos pasa es lo que somos, por eso hay que combatir el miedo, la ignorancia y el provincianismo, que son todas manifestaciones de una misma pereza heredada. Pero reconozco que es una herencia tan cómoda como útil.
Mis padres nunca se enteraban exactamente del destino, primero porque no sabían de geografías y segundo porque yo era parco en descripciones. Así ninguno sufría más de lo necesario. Pero si dentro de unos años mis hijos me dijeran lo mismo, mi obligación sería empezar a temblar, y la suya hacérmelo más difícil. No hay otra forma, por suerte.
viernes, 3 de abril de 2009
> Las encuestas de la radio
Las encuestas sólo las conocía en los periódicos y en internet. Desde hace algún tiempo también ocupan las emisoras de radio.
Sigo habitualmente Radio 5 de RNE, y a media mañana comentan los resultados de la pregunta del día. No necesitan un acontecimiento especial que lo provoque, cada día tiene su encuesta como la expresión del talante democrático de la radio pública.
En realidad su razón de ser tiene más que ver con el dinero que con escuchar la voz popular. El comentar durante unos minutos los porcentajes de respuestas en uno y otro sentido lo puede hacer el periodista más novato y cuesta menos dinero que redactar una noticia o entrevistar por teléfono a algún invitado. Además, casi asegura la fidelidad de la audiencia que ha contestado la encuesta (por internet o por teléfono).
Lo que me irrita (porque me irrita la tontería ñoña) es el valor de estas encuestas. La respuesta, obvia, es: ninguno. Pero la utilidad y el interés son igual de claros: ninguno.
Preguntaban si los oyentes creían que el cambio de hora era eficaz para luchar contra el cambio climático. ¿Qué sabe la audiencia sobre esto? ¿son acaso científicos o estudiosos que han investigado sobre el tema para tener una opinión válida o fundada? No, pero aquí todo el mundo tiene una opinión sobre todo, aunque no pasemos el informe Pisa.
Pero a unos les sirve para rellenar y a otros para sonreír al salir en la foto, y todos tan contentos.
Sigo habitualmente Radio 5 de RNE, y a media mañana comentan los resultados de la pregunta del día. No necesitan un acontecimiento especial que lo provoque, cada día tiene su encuesta como la expresión del talante democrático de la radio pública.
En realidad su razón de ser tiene más que ver con el dinero que con escuchar la voz popular. El comentar durante unos minutos los porcentajes de respuestas en uno y otro sentido lo puede hacer el periodista más novato y cuesta menos dinero que redactar una noticia o entrevistar por teléfono a algún invitado. Además, casi asegura la fidelidad de la audiencia que ha contestado la encuesta (por internet o por teléfono).
Lo que me irrita (porque me irrita la tontería ñoña) es el valor de estas encuestas. La respuesta, obvia, es: ninguno. Pero la utilidad y el interés son igual de claros: ninguno.
Preguntaban si los oyentes creían que el cambio de hora era eficaz para luchar contra el cambio climático. ¿Qué sabe la audiencia sobre esto? ¿son acaso científicos o estudiosos que han investigado sobre el tema para tener una opinión válida o fundada? No, pero aquí todo el mundo tiene una opinión sobre todo, aunque no pasemos el informe Pisa.
Pero a unos les sirve para rellenar y a otros para sonreír al salir en la foto, y todos tan contentos.
jueves, 2 de abril de 2009
< Con palabras: Puta Sevilla
Nunca he entendido ese odio de algunos malagueños hacia los sevillanos. La razón explícita es el centralismo de la Junta, pero antes de la Junta ya estaba este sentimiento. Ahora ya está más aplacado, pero latente.Esta foto está tomada de la pared exterior de una caseta de la feria. Por aquí pasan miles de coches al día, y los martes hay un mercadillo justo enfrente. Nadie se ha preocupado de quitar la pintada: lleva así años. Sin embargo, cuando hice la foto, un día de mercadillo, la gente me miraba frunciendo el ceño.
Puerto de la Torre, Málaga
miércoles, 1 de abril de 2009
> Sobre el anuncio del Seat Exeo
A veces leer un verso o un párrafo de un escritor ilustre hace de un anuncio de coches un pequeño oasis. Así por ejemplo le ocurre con BMW y Kerouac y a Seat con Cortázar. Sé que esta opinión es discutible, y cuando me levante purista me arrepentiré de haberla dejado escrita.
Otras veces, la lectura del texto literario está tan supeditada al anuncio que me resulta irritante. Les cuento: una magnífica voz de narrador recita “Ítaca” de Cavafis. En la imagen, un joven circula por una ciudad casi desierta; cuando se detiene y abre la puerta, la voz del narrador se interrumpe abruptamente y no se oye nada. El joven avanza unos pasos, da la vuelta y vuelve al coche porque se le ha olvidado algo. Cuando abre la puerta reanuda el narrador su poema, y se vuelve a callar cuando cierra de nuevo la puerta, dejándonos con la miel en los labios y un precioso poema en la papelera del utilitarismo. Tiempos de hojalata.
Porque no es mi costumbre hacerlo, no me resisto a recordarles el poema completo.
Traducción de Pedro Bádenas de la Peña. (Alianza Editorial, 1995)
Otras veces, la lectura del texto literario está tan supeditada al anuncio que me resulta irritante. Les cuento: una magnífica voz de narrador recita “Ítaca” de Cavafis. En la imagen, un joven circula por una ciudad casi desierta; cuando se detiene y abre la puerta, la voz del narrador se interrumpe abruptamente y no se oye nada. El joven avanza unos pasos, da la vuelta y vuelve al coche porque se le ha olvidado algo. Cuando abre la puerta reanuda el narrador su poema, y se vuelve a callar cuando cierra de nuevo la puerta, dejándonos con la miel en los labios y un precioso poema en la papelera del utilitarismo. Tiempos de hojalata.
Porque no es mi costumbre hacerlo, no me resisto a recordarles el poema completo.
Itaca (1911)
Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni al colérico Posidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Posidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos antes nunca vistos.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes voluptuosos,
cuantos más abundantes perfumes voluptuosos puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en tu pensamiento.
Tu llegada allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguardar a que Itaca te enriquezca.
Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.
Traducción de Pedro Bádenas de la Peña. (Alianza Editorial, 1995)
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