viernes, 30 de octubre de 2009

> Quitar más de lo que se recibe

He visto por televisión a una señora que lleva años cuidando a su yerno impedido, de noventa años. Se quejaba resignada que no disfrutaba de nada porque siempre tenía que atender a su familiar. No había podido ir a la jura de bandera de su hijo, ni salir a cenar con su marido ni al cine, ni por supuesto irse de vacaciones.

Su yerno estaba allí, en una silla de ruedas al otro lado de la mesa camilla. Apenas podía hablar y mucho menos moverse o tener la más mínima autonomía para hacer algo o disfrutar de una bocanada de intimidad. Tampoco creo que pudiera quejarse, tanto es lo que le debía a su nuera.

Sin duda este señor está en casa mucho mejor que en un asilo, pero ¿tanto mejor como peor está su cuidadora? Ahora hay dos personas incómodas con la vida, una por lo que da, otra por lo que recibe.

miércoles, 28 de octubre de 2009

< Con palabras: cuadros en el salón de las visitas

Me he criado en un mundo donde todas las casas tenían cuadros costumbristas en las paredes. Eran cuadros infames, ni tan siquiera copias de originales de buen gusto. Mostraban barcas varadas en la arena mientras los pescadores reparaban las redes, canasteros, mesas con membrillos o caseríos al fondo de un paisaje umbrío con un gran árbol en primer plano.

Todo eso ya no existe. En las paredes de algunas casas sí, pero no en la realidad. Hasta hace poco se podían ver esas escenas. Ahora ya casi son tan lejanas como las pirámides o los obispos.

lunes, 26 de octubre de 2009

> Más vale una vez colorado que ciento amarillo

Los cambios pueden ser drásticos o progresivos: cada uno tiene sus ventajas e inconvenientes. En política, un cambio de régimen puede ser pacífico y pactado o violento y revolucionario. La transición española pertenece al primer grupo, pese a sus dificultades, y las revoluciones francesa o norteamericana, al segundo, como sus nombres indican.

Qué duda cabe que en una revolución mueren personas, se destruyen bienes y una injusticia difícilmente soportable se instala en la ciudad durante los primeros momentos. Pero qué duda cabe, también, que muchos ciudadanos sienten la revolución como una ráfaga de aire limpio después de la tiranía (si no fueran muchos los ciudadanos que así sienten, no habría revolución). Un aire que limpia (a veces como Zotal, a veces como agua fresca) aunque luego se emponzoñe.

Por otro lado las transiciones pactadas permiten que las panaderías despachen bollos calientes todos los días, si es el caso, pero también que los vicios más señeros se infiltren en las nuevas normas como una unión con la tradición pasada, como un así son las cosas: todo sea por el pacto.

No echo de menos una revolución, dios me libre, pero sí echo de más el pacto que transformó la España de un gobierno dictatorial en un apaño para ir tirando. No cambió tanto el país como para considerarlo nuevo, pero tampoco hay demasiadas cosas que nos recuerden los malos viejos tiempos. Todo está en una zona gris (los partidos, la justicia, la educación…) que no ofende lo suficiente pero que tampoco ilusiona, salvo a los que en toda circunstancia sacan provecho de lo que hay. Pero de estos últimos no nos preocupemos: ya se preocupan ellos y se las apañan muy bien, como leemos en los periódicos todos los días.

sábado, 24 de octubre de 2009

> Gripe H1N1, porcina o A

Cuando descubrimos algo, pasamos de lo particular a lo general. Cuando justificamos algo, buscamos los detalles particulares que apoyan nuestras ideas generales.

Estos días he estado en cama con gripe A (ya que la he tenido yo, no la voy a llamar porcina). Tos seca, caldito de puchero, fiebre alta durante un día y antipiréticos: una gripe normal, incluso más llevadera si te puedes permitir estar en cama. Y puestos a tener, también mis hijos la han tenido, pero en forma aún más leve.

Sé que para estas fechas ha habido casi medio centenar de muertes por esta enfermedad en España, pero parece que la gripe convencional se cobra aún más víctimas, normalmente por problemas de salud previos. Como he tenido tiempo, he visto una encuesta en la que se afirma que cada año sólo el 20% del personal sanitario se vacuna contra la gripe estacional, y que éste año sólo el 10% considera vacunarse contra la gripe A. Y de creer esta encuesta, esto lo dicen las personas más expuestas al virus y, también, las más informadas.

Ubi sunt?
Este verano se habilitaban plantas enteras de hospitales para atender la pandemia. El Gobierno se gastaba lo que no tenemos en comprar cargamentos de vacunas y de Tamiflu. Los telediarios mostraban mapas detallados con las víctimas por comunidades autónomas. Retransmitían en directo los comunicados de la OMS.

Alguien, solo o en compañía de otros, metió miedo, y nuestros gobernantes y los de medio mundo, en vez de utilizar un criterio técnico para combatir o no una enfermedad, utilizaron un criterio político: no nos vayan a acusar de irresponsables. No tenían otro camino.


Ubi sunt? De fondo me parece escuchar las risas de las cuentas de resultados de Roche y Novartis.

jueves, 22 de octubre de 2009

> Ruta por los concesionarios de coches

Perdónenme la anécdota personal. Salí a ver coches para comprarme uno. Había oído que la industria del automóvil estaba en crisis, que no se vendía nada, e inocente supuse que mi sola presencia en los concesionarios animaría sus largas y solitarias mañanas de ventas inexistentes.

Cierto, porque en los cinco concesionarios que estuve no había ni un solo cliente. Falso porque los vendedores preferían ordenar sus mesas a atender a la clientela. En todos los casos tuve que dirigirme a las mesas a buscar al vendedor, después de deambular por la sala abriendo y cerrando puertas de coches relucientes. En uno me dijeron que enseguida estaban conmigo, pero siguió mirando papeles cinco minutos antes de levantarse de la mesa. En otro me dijeron que el modelo que buscaba se había agotado y que si lo pedía (sin verlo) tardarían cinco meses (sic) en traerlo desde fábrica; cuando le di las gracias y me dispuse a irme, ni tan siquiera hicieron el esfuerzo de ofrecerme otro modelo o marca. En otro lugar, el vendedor no sabía qué equipamiento tenía el coche y lo tuvo que leer del folleto acompañando la lectura con el dedo índice. Sólo un vendedor mostró eficiencia y profesionalidad: vaya, era de origen francés.

Que baje dios y lo vea, pero así no se vende ni un coche ni una magdalena. Salvo que todos hagan lo mismo y yo necesite un coche con urgencia.

Me voy a Francia.

martes, 20 de octubre de 2009

> Menos mal que las palabras son infinitas

“Guateque”, por las licencias de apertura para bares de copas.

“Astapa”, por el nombre latino de Estepa (que fonéticamente se parece a Estepona, que es el ayuntamiento investigado).

“Malaya”, por el acrónimo de Marisol Yagüe; o por Málaga y Ayamonte/Marbella, municipios donde empezó todo.

“Gürtel”, porque significa ‘correa’ en alemán. El jefe de la trama se llama Francisco Correa.

“Abanico”, porque uno de los investigados fue miembro del grupo Locomía.

“Chuleta”, porque los examinadores permitían copiar para conseguir el carné de conducir.

“Sudoku”, por la industria de copias piratas de unos ciudadanos chinos.

“Biblioteca”, por la corrupción urbanística en el pueblo murciano de Librilla.

“Boquerón”, porque la investigación de los vehículos robados se inició en el municipio gallego de Boqueixon, y a un agente le sonó a ‘boquerón’.

“Nécora”, por el logotipo de los restaurantes gallegos donde se reunían los mandos policiales.

‘Mortadelo’, porque un implicado se llamaba Filemón.

“Cuartel”, porque se utilizaba un cuartel de la Guardia Civil como prostíbulo.

…etcétera, pero con gracia.


Referencia:
http://m.publico.es/241956
http://www.lavozdegalicia.es/sociedad/2007/11/21/00031195658432037301973.htm

domingo, 18 de octubre de 2009

> "Con la justicia hemos topado, amigo Sancho"

Antes, en épocas previas a la neolengua, al edificio que los albergaba se le llamaba ‘Juzgados’. Ahora, contra toda evidencia, se le llama ‘Ciudad de la Justicia’, aunque como en el caso de Málaga la pretendida ‘ciudad’ sea solo un edificio junto a un Carrefour y en medio de un barrio de pisos de clase media.

Esta construcción tan inflacionaria pertenece a la Junta de Andalucía y tiene en sus sótanos ciento sesenta y seis cotizadas plazas de aparcamiento. La Junta dice, con sorprendente buen criterio, que las plazas son para los funcionarios o jueces por orden de llegada. Los jueces, sin embargo, dicen que son para ellos (supongo que porque son jueces o porque se saben poco madrugadores). La Guardia Civil, que custodia el acceso, debe registrar los coches que entran por motivos de seguridad, pero los jueces se niegan a que nadie les mire el coche. Una jueza incluso ha procesado al guardia civil que osó impedirle el paso porque el aparcamiento ya estaba lleno.

Esto podía ser un enfado de parvularios en el patio del colegio. Pero debe ser algo muy importante para que los jueces no tengan cosas más importantes que hacer que escalar estas insufribles humillaciones de la Junta hasta el decano provincial y el Consejo General del Poder Judicial. Éste, finalmente, le ha dado la razón a la Junta y se la ha quitado al decano. Los jueces, por hacer algo con su tiempo y con el dinero ajeno, por supuesto, van a recurrir.

Moraleja: cuando pongan el intermitente para aparcar, dense prisa, no vaya a venir un tipo vestido de Quevedo y les quite el sitio. Y ¡ay si le dicen algo!