jueves, 23 de julio de 2015

> Volver

He regresado de vacaciones entero, y he aprendido varias cosas. Aparte de los lugares que he visitado en Italia, sé que no hay que invertir en hoteles. También que mi espíritu empieza a fatigarse con las giras veraniegas y el calor y las masas; he aprendido pues que el verano lo hizo Dios para descansar junto a una masa de agua y un buen libro, por ese orden. Y que es mejor hacer pequeños viajes al año que uno grande y extenuante.

Escribí hace tiempo en este dietario que cuando era joven y aguerrido viajero me deprimía volver a entrar en la cutre España desde la limpia y ordenada Francia. Ahora ya me he reconciliado un poco con mi país, y al menos los trenes, los autobuses, los hospitales, las calles y las fachadas de España están muy por delante de sus homólogas italianas. También por último he aprendido que en todas partes cuecen las mismas habas, subproducto de los tiempos y las geografías. Viajar relativiza, por eso es bueno.

domingo, 28 de junio de 2015

> Chiuso per ferie

Ustedes sabrán disculparme, pero me voy de vacaciones. Por estas líneas sabrán que si no vuelvo será por culpa de los volcanes que voy a visitar, o de un mecánico de vuelo que se dejó la llave inglesa donde no debía, o de una negligente regadora de macetas, qué más me va a dar.

Los viajes son hoy día mucho más seguros que antaño, pero también mucho más frecuentes, y ya se sabe que en un tiempo infinito la probabilidad es certeza. Espero volver, si no no iría, pero y si... En ese caso, denle al 'Me gusta'.

Feliz ferragosto en julio.

martes, 16 de junio de 2015

> Hoy me he levantado liberal

Hace un tiempo publiqué una foto del almacén de Reyes Magos, donde había muchas (demasiadas) cajas de mercancías compradas en Amazon. Un lector me comentó que le parecía triste, y que él hacía las compras en pequeños comercios y disfrutaba con la actividad.

Hace unos días compré una tableta en Amazon. Busqué en varias tiendas físicas donde los vendedores o no aparecían o se manifestaban demasiado ansiosos; también busqué en otras tiendas online. La de Amazon, como casi siempre, era la opción más barata.

Desde que le di al ratón, tardó veintitrés horas en llegar a casa, con la opción más económica de entrega. Pero, ay, la tableta no me convenció.

Entré en mi cuenta de cliente, y sin darle explicaciones a nadie pulsé el enlace para devolver el producto. Me descargué una etiqueta que debía ponerle a la caja y la simple instrucción de ir a Correos o llamar a un mensajero. Fui a Correos, no tuve que pagar nada ni rellenar ningún formulario y, al salir por la puerta, recibí un mensaje de Amazon comunicándome que ya se me había transferido la devolución... sin comprobar lo que yo les acababa de enviar.

Para aprovechar el buen tiempo fui a una tienda de bicicletas a cambiarle la cámara a la mía. Éramos tres clientes esperando, mientras el vendedor que tenía un solo procesador no podía hablar a la vez de la barbacoa del domingo y despachar eficazmente un sillín con relleno de gel. Cuando me llegó el turno, quince minutos después, no tenían las cámaras adecuadas y, aun en el caso de tenerlas, me dijo, tendría que dejar la bici allí y volver otro día porque 'tenía mucho lío en la tienda'.

Amazon por ahora no cambia cámaras de bicicleta ni tarda diez minutos en servir una caña de cerveza con pitufo de lomo, pero me da que si ellos son una multinacional de éxito y no la tienda de bicicletas de la esquina ni el bar de enfrente debe ser por algo. Con nuestras decisiones de compra ¿debemos premiar la falta de interés, la poca innovación, las carencias?

lunes, 8 de junio de 2015

> De pitos

Debería acaso yo estar acostumbrado porque tengo niños pequeños a los que me paso el día repitiéndoles lo que está bien y lo que no. Mis hijos pequeños, con la tenacidad de Mas y Urkullu, empiezan cada día como el primero de sus días, en apariencia sin recordar nada de lo que ya les repetí ayer y antesdeayer, y les repetiré mañana y pasado mañana. La diferencia es que mis hijos no ostentan mayor responsabilidad que aprender a coger los cubiertos en la mesa, mientras que Mas y Urkullu son los máximos órganos electos de sus circunscripciones y representan a toda su comunidad (y no sólo a los que los han votado). Por si alguien tiene prisa y se le escapa el autobús: lo mínimo que les puedo pedir es educación y ejemplaridad.

A muchos, entre los que me incluyo, el himno, la bandera y las charreteras de la Guardia Real me la refanflinfan, pero quisiera al menos un poquito de por favor. En la final de la Copa del Rey (sic, 'del Rey') al sonar el himno español muchos espectadores prorrumpieron en una clamorosa pitada. En la televisión vi a grupos gritando '¡putos españoles!'. En la pantalla del estadio San Mamés se bajó el volumen del himno. En el Camp Nou el presidente Mas, a cuya izquierda estaba el Rey, asistía complacido a la pitada, con media sonrisa, y quizá pensaba: 'estos son mis poderes'. La falta de educación de los demás no debería ser justificación de la propia. Después del encuentro no vi a ninguno hablar de falta de respeto, de gamberrismo, de incivilidad. No. Hablaron de 'expresión democrática' y de 'derecho de expresión'.

Me da que esto solo pasa en España, por eso quiero ser francés.

viernes, 22 de mayo de 2015

> Antes o después

Soy de los que piensan que no es más limpio el que más se lava, sino el que menos se ensucia. Con esa premisa entenderán que no entienda a aquellas personas que se duchan por la mañana al levantarse: ¿se han ensuciado mientras dormían?, si es para refrescarse ¿no es mejor primero haber sudado algo? Los que así se comportan, claro, suelen ser de los que no sudan (ya tienen otra excusa para no pringarse, están recién limpitos), sino de los que hacen sudar a los demás.

Y yo es que me ducho, saben, por la noche, después de sudar la jornada laboral, antes de cenar o de meterme en la cama. Como soy de los que sudan, disfruto con esos minutos últimos y apurados en la cama por la mañana, porque sé del valor de la transpiración, y no los cambio por una limpieza sobre limpio.

Otras personas, llamémosles así y no miremos a nadie, se ofuscan en su error, e incluso puede que aspiren a ducharse con agua caliente. Que cada cual se mire su ombligo, y actúe en consecuencia: dicho queda.

viernes, 8 de mayo de 2015

> La película

Muchas personas pierden la memoria en los últimos años de su vida, pero reconocen los afectos y las situaciones conocidas. He leído en varias ocasiones la recomendación de redactar unas páginas, ordenar unas fotos o grabar un vídeo con nuestros recuerdos más entrañables para que éstos no se pierdan junto con nuestra memoria.

También hay otra opción, útil aunque triste. Si nuestro sueño era conocer Australia y no lo hemos podido cumplir, redactar unas notas de viaje como si realmente hubiéramos estado allí; o comentar en un vídeo el trato agradable que nos dispensó Ferrán Adriá aunque nunca hayamos comido en El Bulli; o una algo abultada lista de amantes (antes de conocer a vuestra madre) que en realidad no pasaron de una fugaz mirada indiscreta.

Recordar con esta impostura todo lo que deseamos ser y no fuimos, todo lo que quisimos y no pudimos o no nos atrevimos... sería la constatación de un fracaso, quizá de habernos quedado a medio. Pero qué gloria a cambio de una verdad que no le importa a nadie y que no va más allá del felpudo de nuestra puerta.

¿Será como esas ensoñaciones que nos acurrucan antes de conciliar el sueño o después de sonar, por última vez, el despertador?

viernes, 24 de abril de 2015

> In illo tempore


Cuando hay que recordar estas cosas, malo. Pero si no se recuerdan, peor.