miércoles, 7 de octubre de 2015

> ¿Big?, ¿theory?

Con el tiempo uno relativiza (al menos yo). Pero durante la siesta la armadura de los años afloja y uno se sorprende, y no debería.

Escuché a un par de personas hablar de la serie de televisión 'The Big Bang theory'. Comentaban las situaciones con gran interés y durante los quince minutos que estuvieron hablando, créanlo, escuché adjetivos como 'inteligente' y 'original'. Hace unos días leí en el periódico un sorprendente artículo sobre un científico (¡en activo!) de la NASA que revisaba los guiones de la serie.

Decidí darle una oportunidad en contra de mi costumbre (recuerden que soy pesimista), y vi un capítulo: puede ser mala suerte, pensé; y vi otro, puede que la suerte se repita; y otro y otro hasta hacer cuatro. No perderé mucho tiempo en decir lo obvio para no ofender a nadie. Pero de lo que quería hablar no es de eso (hay tanto parecido ahí afuera), sino de por qué me parece tan detestable, especialmente detestable.

Hay otros programas que pretenden inducir al espectador con risas enlatadas en off. Hay series con personajes delirantes y extravagantes, ridículos. He comido ostras con más gracia. He aguantado a ver varios minutos de 'Sálvame de luxe', y parece más honesto porque uno sabe a ciencia cierta lo que va a ver. He visto porno, que tiene su utilidad, y he tomado alucinógenos que estiiiiiiiiiran la realidad. Pero, ¿todo a la vez?

Lo peor para la humanidad sería que quien tuviera un problema fuera yo, y no Sheldon Cooper.

martes, 15 de septiembre de 2015

> Soy un suertudo

Como soy pesimista tiendo a pensar que la mala suerte inunda mi vida, pero a poco que piense me doy cuenta de lo contrario.

Cuando era un bebé estaba todo el día enfermo, y mis padres se hicieron el cuerpo a que moriría, y ya me ven. No tenía hora de volver a casa (por eso nunca regresé más allá de las nueve), y nunca me pegaron ni pegué a nadie. Me eximieron de la mili cuando era obligatoria. No he vivido una guerra, ni he pasado hambre ni dormido al raso salvo en estrelladas noches de verano. En tiempos tuve amigos, y estudié la carrera que quise; rechacé un trabajo de funerario y al día siguiente me contrataron en una multinacional con un trabajo interesante y exigente que me permitió además ver mundo. He estado en cuatro continentes, y no en viaje de negocios.

Tengo una pareja maravillosa, y unos hijos irresistibles. No necesito trabajar mucho, y soy mi propio jefe. Vivo en el campo y los vecinos me saludan cuando paso con el coche. No soy creyente, tengo buen humor y gozo de una envidiable mala salud que me matará cualquier día mientras duermo.

Por supuesto que también hay sombras, que callo, pero que ni de lejos empañan lo que me ha tocado en la vida. Pero más vale seguir siendo pesimista, porque ya Herodoto nos mostró lo fatal que resulta vender la piel del oso antes de que (uno) esté muerto. ¿Y usted?

jueves, 3 de septiembre de 2015

> Por hacer caso

Hice caso a un conocido y decidí probar a comprar los libros escolares en una tienda y no en Amazon. Escogí una cercana, por la huella de CO2, y que además trabajaba con el Banco Solidario. En el escaparate, aparte de los libros, tenían notas informativas quejándose de las prácticas monopolísticas de colegios y editoriales.

Bueno, hice el pedido de unos 400 euros. A la semana, como no me decían nada, les pregunté por Whatsapp: que estaban de feria, que ya me dirían algo el lunes. Sí, vale, tienen derecho a la feria. El lunes me dijeron que faltaban la mitad, y que me irían informando. Me pasé a los pocos días y la situación era la misma (¡malditas editoriales monopolísticas!), pero me llevé los que había. Como era una tienda de barrio no podía ser eficiente, y tuve que estar cuadrando con ellos títulos, precios y listas media hora (falta éste, no, éste ya te lo he dado, éste es igual que aquel, éste me lo has apuntado dos veces, etc).

Otra semana más y los libros sin venir, y el colegio por empezar (y hay que forrar los libros, oiga). Crucé la calle para comprar un libro/impuesto en el colegio y vi que padres felices aunque odiosos compraban todos los libros del tirón sin perder tiempo y además con una camiseta de regalo, pero yo sonreí porque sabía lo que ellos ignoraban, que estaban cavando su propia fosa.

jueves, 23 de julio de 2015

> Volver

He regresado de vacaciones entero, y he aprendido varias cosas. Aparte de los lugares que he visitado en Italia, sé que no hay que invertir en hoteles. También que mi espíritu empieza a fatigarse con las giras veraniegas y el calor y las masas; he aprendido pues que el verano lo hizo Dios para descansar junto a una masa de agua y un buen libro, por ese orden. Y que es mejor hacer pequeños viajes al año que uno grande y extenuante.

Escribí hace tiempo en este dietario que cuando era joven y aguerrido viajero me deprimía volver a entrar en la cutre España desde la limpia y ordenada Francia. Ahora ya me he reconciliado un poco con mi país, y al menos los trenes, los autobuses, los hospitales, las calles y las fachadas de España están muy por delante de sus homólogas italianas. También por último he aprendido que en todas partes cuecen las mismas habas, subproducto de los tiempos y las geografías. Viajar relativiza, por eso es bueno.

domingo, 28 de junio de 2015

> Chiuso per ferie

Ustedes sabrán disculparme, pero me voy de vacaciones. Por estas líneas sabrán que si no vuelvo será por culpa de los volcanes que voy a visitar, o de un mecánico de vuelo que se dejó la llave inglesa donde no debía, o de una negligente regadora de macetas, qué más me va a dar.

Los viajes son hoy día mucho más seguros que antaño, pero también mucho más frecuentes, y ya se sabe que en un tiempo infinito la probabilidad es certeza. Espero volver, si no no iría, pero y si... En ese caso, denle al 'Me gusta'.

Feliz ferragosto en julio.

martes, 16 de junio de 2015

> Hoy me he levantado liberal

Hace un tiempo publiqué una foto del almacén de Reyes Magos, donde había muchas (demasiadas) cajas de mercancías compradas en Amazon. Un lector me comentó que le parecía triste, y que él hacía las compras en pequeños comercios y disfrutaba con la actividad.

Hace unos días compré una tableta en Amazon. Busqué en varias tiendas físicas donde los vendedores o no aparecían o se manifestaban demasiado ansiosos; también busqué en otras tiendas online. La de Amazon, como casi siempre, era la opción más barata.

Desde que le di al ratón, tardó veintitrés horas en llegar a casa, con la opción más económica de entrega. Pero, ay, la tableta no me convenció.

Entré en mi cuenta de cliente, y sin darle explicaciones a nadie pulsé el enlace para devolver el producto. Me descargué una etiqueta que debía ponerle a la caja y la simple instrucción de ir a Correos o llamar a un mensajero. Fui a Correos, no tuve que pagar nada ni rellenar ningún formulario y, al salir por la puerta, recibí un mensaje de Amazon comunicándome que ya se me había transferido la devolución... sin comprobar lo que yo les acababa de enviar.

Para aprovechar el buen tiempo fui a una tienda de bicicletas a cambiarle la cámara a la mía. Éramos tres clientes esperando, mientras el vendedor que tenía un solo procesador no podía hablar a la vez de la barbacoa del domingo y despachar eficazmente un sillín con relleno de gel. Cuando me llegó el turno, quince minutos después, no tenían las cámaras adecuadas y, aun en el caso de tenerlas, me dijo, tendría que dejar la bici allí y volver otro día porque 'tenía mucho lío en la tienda'.

Amazon por ahora no cambia cámaras de bicicleta ni tarda diez minutos en servir una caña de cerveza con pitufo de lomo, pero me da que si ellos son una multinacional de éxito y no la tienda de bicicletas de la esquina ni el bar de enfrente debe ser por algo. Con nuestras decisiones de compra ¿debemos premiar la falta de interés, la poca innovación, las carencias?

lunes, 8 de junio de 2015

> De pitos

Debería acaso yo estar acostumbrado porque tengo niños pequeños a los que me paso el día repitiéndoles lo que está bien y lo que no. Mis hijos pequeños, con la tenacidad de Mas y Urkullu, empiezan cada día como el primero de sus días, en apariencia sin recordar nada de lo que ya les repetí ayer y antesdeayer, y les repetiré mañana y pasado mañana. La diferencia es que mis hijos no ostentan mayor responsabilidad que aprender a coger los cubiertos en la mesa, mientras que Mas y Urkullu son los máximos órganos electos de sus circunscripciones y representan a toda su comunidad (y no sólo a los que los han votado). Por si alguien tiene prisa y se le escapa el autobús: lo mínimo que les puedo pedir es educación y ejemplaridad.

A muchos, entre los que me incluyo, el himno, la bandera y las charreteras de la Guardia Real me la refanflinfan, pero quisiera al menos un poquito de por favor. En la final de la Copa del Rey (sic, 'del Rey') al sonar el himno español muchos espectadores prorrumpieron en una clamorosa pitada. En la televisión vi a grupos gritando '¡putos españoles!'. En la pantalla del estadio San Mamés se bajó el volumen del himno. En el Camp Nou el presidente Mas, a cuya izquierda estaba el Rey, asistía complacido a la pitada, con media sonrisa, y quizá pensaba: 'estos son mis poderes'. La falta de educación de los demás no debería ser justificación de la propia. Después del encuentro no vi a ninguno hablar de falta de respeto, de gamberrismo, de incivilidad. No. Hablaron de 'expresión democrática' y de 'derecho de expresión'.

Me da que esto solo pasa en España, por eso quiero ser francés.