He visto varias personas en el trance de morir. No se acordaron de sus cuentas corrientes, ni de su Audi, ni tan siquiera de sus hijos. Revivían sucesos de la infancia, algunos terribles y otros triviales como el soplar del viento. En vida, sin embargo, nuestros afanes fueron bien distintos; cuando escuchamos música en el sótano de casa se nos vienen recuerdos enredados en los primeros años al compás de las fugas de Bach.
Cuando niños el mundo es eso que está allí enfrente, y estamos solos en el miedo que es imaginarlo y soportarlo. En los últimos sones volvemos a estar desamparados, pero no ante el mundo, sino ante la nada. Morimos como soñamos, solos, y buscamos a nuestra madre.
miércoles, 5 de febrero de 2014
viernes, 24 de enero de 2014
> El doble sentido
Me encantan los dobles sentidos: ¡se ahorra tanto! Uno dice algo y los de derechas de buen humor piensan que hablas mal de la izquierda, y los de derechas de mal humor piensan que hablas mal de ellos; los de izquierda, se limitan a sonreír y a cambiar de tema. Con los dobles sentidos matas dos pájaros de un tiro, das dos mandobles con un solo gesto y aprovechas que el Pisuerga pasa por Valladolid. Un doble sentido corta o amorata, beneficia y humilla, ensucia y restriega, pero sobre todo es generoso.
En el lado contrario del discurso están las medias verdades, cicateras y hurañas, que miran antes de salir por si acaso llueve. Las medias verdades primero calculan y buscan la equidistancia entre el verdugo y la víctima, la caridad y la justicia. Las medias verdades guardan las espaldas y pretenden aguantarlo todo, en el mañana.
Vean un telediario cualquiera, lean un periódico antes de envolver con él las copas de navidad, y busquen entre los editoriales y los entrecomillados los dobles sentidos y las medias verdades, y luego díganme por qué estamos en crisis.
En el lado contrario del discurso están las medias verdades, cicateras y hurañas, que miran antes de salir por si acaso llueve. Las medias verdades primero calculan y buscan la equidistancia entre el verdugo y la víctima, la caridad y la justicia. Las medias verdades guardan las espaldas y pretenden aguantarlo todo, en el mañana.
Vean un telediario cualquiera, lean un periódico antes de envolver con él las copas de navidad, y busquen entre los editoriales y los entrecomillados los dobles sentidos y las medias verdades, y luego díganme por qué estamos en crisis.
lunes, 13 de enero de 2014
> Kits
martes, 7 de enero de 2014
> ¿Es audaz Rajoy?
Para responder a esta pregunta, definamos el adjetivo. Audaz no es el que bracea para salvarse cuando está en el mar, sino quien no sabiendo nadar afronta el riesgo de lanzarse considerando un bien mayor.
A Rajoy no le gusta hablar en público, qué le vamos a hacer, pero como es presidente del gobierno no tiene otra y recurre a las pantallas de plasma, a salir por otra puerta para no encontrarse con los periodistas y a pactar las preguntas en los pocos casos en las que pueden hacérselas los profesionales: no se lanza al mar. Nuestro presidente es tímido. Cuando asiste a reuniones internacionales se hace el entretenido por aquí y por allá para no hablar con otros, aquí no sólo por timidez sino porque no conoce el idioma (se acompaña de una traductora jurada).
Salvo algunas cosillas, Rajoy es un asiduo de las medias verdades y de las verdades al cuarto. Con las primeras se guarda las espaldas por si acaso; con las segundas, pretende llenar los muchos silencios.
A diferencia de la mujer de su mentor, que es torpe pero valiente, nuestro presidente quizá sea listo, in dubio pro reo, pero desde luego está cortado como un relaxing cup of café con leche en la Plaza Mayor, mientras las cosas van arreglándose por la ley de la gravedad; o empeorando, por la gravedad de las cosas.
A Rajoy no le gusta hablar en público, qué le vamos a hacer, pero como es presidente del gobierno no tiene otra y recurre a las pantallas de plasma, a salir por otra puerta para no encontrarse con los periodistas y a pactar las preguntas en los pocos casos en las que pueden hacérselas los profesionales: no se lanza al mar. Nuestro presidente es tímido. Cuando asiste a reuniones internacionales se hace el entretenido por aquí y por allá para no hablar con otros, aquí no sólo por timidez sino porque no conoce el idioma (se acompaña de una traductora jurada).
Salvo algunas cosillas, Rajoy es un asiduo de las medias verdades y de las verdades al cuarto. Con las primeras se guarda las espaldas por si acaso; con las segundas, pretende llenar los muchos silencios.
A diferencia de la mujer de su mentor, que es torpe pero valiente, nuestro presidente quizá sea listo, in dubio pro reo, pero desde luego está cortado como un relaxing cup of café con leche en la Plaza Mayor, mientras las cosas van arreglándose por la ley de la gravedad; o empeorando, por la gravedad de las cosas.
miércoles, 25 de diciembre de 2013
> “…and a happy new year”
Este año me ha tocado a mí ser el que diga que no me gusta la navidad (ya saben lo que pienso de las mayúsculas). No me gusta pisar un centro comercial y oír una y otra vez empalagosos villancicos; no me gusta que el banco, la compañía eléctrica y el barrendero que no se acuerdan de mí el resto del año me deseen prosperidad; no me gusta que la excusa sea el motivo ni el desamparo de las mañanas de navidad y año nuevo. El frío sólo me apetece para curar jamones.
Agradezco, eso sí, los puestos de castañas, buscar libros de regalo (lo siento) en librerías, las cenas de navidad y fin de año, esconder los paquetes, arrebujarme para huir del frío. Pero como soy un romántico, prefiero el verano.
Ya lo he dicho, no cuesta tanto.
Agradezco, eso sí, los puestos de castañas, buscar libros de regalo (lo siento) en librerías, las cenas de navidad y fin de año, esconder los paquetes, arrebujarme para huir del frío. Pero como soy un romántico, prefiero el verano.
Ya lo he dicho, no cuesta tanto.
lunes, 16 de diciembre de 2013
> ¿Era un funeral?
Aún recuerdo que, cuando niño, asistí al funeral de la abuela de un amigo y no podía contener la risa. No había nada gracioso en todo aquello, pero la misma seriedad del acto y los nervios de la primera vez me hacían ver cada acto risible.
El pasado día 10 no salía de mi asombro cuando escuchaba a los comentaristas de Radio Nacional de España retransmitir en directo el funeral de Nelson Mandela. No perdían ocasión de ver el lado gracioso de cada hecho, de cada circunstancia. Esa noche vi por televisión las auténticas noticias del acto, que nada tenían que ver con Mandela, sino con el saludo de Obama a Raúl Castro, la impostura del intérprete del lenguaje de signos, los ‘selfies’ y el presunto flirteo de Obama con la primera ministra danesa Helle Thorning. Y todos muy sonrientes y divertidos.
Pensaba que un funeral era un acto de reconocimiento para el difunto y no una excusa para relajarse con los compadres. Pero lo peor es que nadie parece haber reparado en esto.
El pasado día 10 no salía de mi asombro cuando escuchaba a los comentaristas de Radio Nacional de España retransmitir en directo el funeral de Nelson Mandela. No perdían ocasión de ver el lado gracioso de cada hecho, de cada circunstancia. Esa noche vi por televisión las auténticas noticias del acto, que nada tenían que ver con Mandela, sino con el saludo de Obama a Raúl Castro, la impostura del intérprete del lenguaje de signos, los ‘selfies’ y el presunto flirteo de Obama con la primera ministra danesa Helle Thorning. Y todos muy sonrientes y divertidos.
Pensaba que un funeral era un acto de reconocimiento para el difunto y no una excusa para relajarse con los compadres. Pero lo peor es que nadie parece haber reparado en esto.
martes, 10 de diciembre de 2013
> Cómo hacer limpieza en casa en un puente de diciembre con Mozart
Que me perdone Mozart, pero he escuchado tantas veces su Sinfonía número 25 que he pasado de admirarla a valorarla utilitariamente: la he puesto para hacer limpieza en casa. Primero porque me marca un estado de ánimo necesario para tales tareas, que nunca puede ser derrotista, y segundo porque me indica los tiempos para cada cosa.
En el primer movimiento los empujes largos de los violines me incitan a pasar la fregona; los cortos, a retirar el polvo de los estantes: el que empieza tiene ya la mitad del trabajo hecho. En el segundo movimiento, ya algo cansado por el frenesí del primero, toca contemplar lo hecho admirando los pizzicatti mientras se repasan las esquinas, lugares de frecuente discusión. Con el resuello recuperado, el tercero infunde ánimos redoblados para acabar, pero ya con seriedad barroca, entrando en un cuarto movimiento de transición hacia la copa de reserva de Somontano de 2007. Los cristales se quedan siempre para la Sinfonía número 40.
¡Ay, cómo está el servicio…!
En el primer movimiento los empujes largos de los violines me incitan a pasar la fregona; los cortos, a retirar el polvo de los estantes: el que empieza tiene ya la mitad del trabajo hecho. En el segundo movimiento, ya algo cansado por el frenesí del primero, toca contemplar lo hecho admirando los pizzicatti mientras se repasan las esquinas, lugares de frecuente discusión. Con el resuello recuperado, el tercero infunde ánimos redoblados para acabar, pero ya con seriedad barroca, entrando en un cuarto movimiento de transición hacia la copa de reserva de Somontano de 2007. Los cristales se quedan siempre para la Sinfonía número 40.
¡Ay, cómo está el servicio…!
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