Parece que la Sábana Santa ha salido de exposición y ha recalado en la Catedral de Málaga durante unas semanas. Se entiende que antes no saliera a ningún sitio más allá de Turín, pero ahora que hay dudas fundadas sobre su autenticidad, importa menos prestarla porque el dolor de su pérdida sólo aumentaría una fama en declive gracias al radiocarbono.
Cuando me acerqué a la entrada, curioso, parecía que estaban vendiendo los muebles de la abuela. La visita cuesta ocho (8) euros, lo que ya son euros en tiempos de crisis para ver algo que muy probablemente no sea lo que pretende (y por lo que se oferta a 8 euros). Pero en fin, buenos serán esos euros para la iglesia y bueno es que cada cual se gaste el dinero propio en lo que quiera, faltaría más. En este tipo de cosas podemos equivocarnos como mejor nos plazca.
En cualquier caso, les recomiendo que lean el artículo de Wikipedia sobre el tema (y luego observen las bambalinas, nunca mejor dicho, en http://es.wikipedia.org/wiki/Discusi%C3%B3n:Sudario_de_Tur%C3%ADn). Los resquicios por los que se puede escurrir su falsedad serían un buen argumento para Crichton.
Ah, se me olvidaba un pequeño detalle: en la exposición se muestra un facsímil de la Sábana Santa, no el original, circunstancia que no se advierte antes de pasar por caja (de hecho, todo hace pensar lo contrario). Ah, qué caros cuestan los zapatos de Prada pero qué baratos salen.
sábado, 24 de marzo de 2012
lunes, 19 de marzo de 2012
> Mercachino
El presidente de Mercadona, Joan Roig, ha saltado a los titulares de los periódicos por la opinión de que deberíamos fijarnos en la ‘cultura del esfuerzo’ de los bazares chinos. No podría estar más de acuerdo en la literalidad del pensamiento. Pero dicho así, uno cree entender que a lo que se refiere el Sr. Roig no es a la ‘cultura del esfuerzo’, sino al ‘modelo de bazar chino’ (lo otro es una obviedad).
Como tengo espíritu calvinista me parece muy admirable que los bazares chinos abran catorce horas al día, casi siempre con el mismo personal que si abrieran sólo ocho. Sin embargo, el ‘modelo chino’ también implica, para ahorrar costes, una ausencia total de valor añadido. No es sólo el aspecto espartano y poco apetecible de las tiendas, sino la racanería en la inversión, el trato muchas veces justo (por no decir hosco) al cliente, la mala calidad de los productos… Sí, los chinos trabajan muchas horas, muchísimas, pero su única ventaja es el precio.
No es precisamente éste el modelo con el que ha triunfado Mercadona, y eso lo sabe bien el Sr. Roig. Si nadie hace algo por nada, la pregunta pertinente es: ¿qué intenta conseguir el dueño de Mercadona?
Como tengo espíritu calvinista me parece muy admirable que los bazares chinos abran catorce horas al día, casi siempre con el mismo personal que si abrieran sólo ocho. Sin embargo, el ‘modelo chino’ también implica, para ahorrar costes, una ausencia total de valor añadido. No es sólo el aspecto espartano y poco apetecible de las tiendas, sino la racanería en la inversión, el trato muchas veces justo (por no decir hosco) al cliente, la mala calidad de los productos… Sí, los chinos trabajan muchas horas, muchísimas, pero su única ventaja es el precio.
No es precisamente éste el modelo con el que ha triunfado Mercadona, y eso lo sabe bien el Sr. Roig. Si nadie hace algo por nada, la pregunta pertinente es: ¿qué intenta conseguir el dueño de Mercadona?
martes, 13 de marzo de 2012
> "Los políticos son unos sinvergüenzas"
He dicho en varias ocasiones que puede que algunos o muchos políticos, no sé, sean unos aprovechados que buscan su lucro personal. Pero también he escrito que los políticos (como los panaderos, albañiles o abogados) se parecen mucho a quienes les votan, como los perros a sus amos.
La fotografía que acompaña a esta entrada no es de Robert Capa. Está tomada en Málaga y muestra dos coches ocupando dos pasos de peatones, uno en primer plano y otro al fondo, junto a un peatón de rojo. Así, con dos cojones, como Camps, Naseiro o Gómiz. Nada indica que los conductores de los coches se conozcan entre sí ni que sea una acción concertada; tampoco se encontraban en los alrededores (hubiera dado lo mismo). Y no sólo ocupan con desvergüenza una zona de paso, sino que además bloquean el rebaje de la acera que permite que minusválidos, ancianos y carritos de bebé puedan cruzar la calle.
Pero como siempre, lo peor no es lo que se ve, sino lo que denota. Cuando dos personas hacen eso no es por casualidad, sino porque lo han visto hacer a otros, porque están acostumbrados y porque saben que no tendrá consecuencias para ellos. Lo peor es el sentimiento que se te queda.
La fotografía que acompaña a esta entrada no es de Robert Capa. Está tomada en Málaga y muestra dos coches ocupando dos pasos de peatones, uno en primer plano y otro al fondo, junto a un peatón de rojo. Así, con dos cojones, como Camps, Naseiro o Gómiz. Nada indica que los conductores de los coches se conozcan entre sí ni que sea una acción concertada; tampoco se encontraban en los alrededores (hubiera dado lo mismo). Y no sólo ocupan con desvergüenza una zona de paso, sino que además bloquean el rebaje de la acera que permite que minusválidos, ancianos y carritos de bebé puedan cruzar la calle.
Pero como siempre, lo peor no es lo que se ve, sino lo que denota. Cuando dos personas hacen eso no es por casualidad, sino porque lo han visto hacer a otros, porque están acostumbrados y porque saben que no tendrá consecuencias para ellos. Lo peor es el sentimiento que se te queda.
miércoles, 7 de marzo de 2012
> Probabilidades
He viajado en canoa por el río Magdalena, he cogido el tren en Alausí, el autobús en Potosí y llegué en un avión Tupolev a Mashad. He visto las selvas de Malaisia y crucé a pie el círculo polar ártico, dormí en Wadi Rum y me bañé en el Niágara, comí pescado en el lago Van y vi subir la marea del Monte de San Miguel en Normandía. También conozco Nueva York, Londres, Helsinki, Atenas y Cadalso de los Vidrios… He hecho cientos de trayectos en diferentes medios de transporte por cuatro continentes, y nunca, ni una sola vez
martes, 28 de febrero de 2012
> ¿El infierno en buenas manos?
Es muy triste por patético alabar a quien está en el poder. Me refiero, claro está, a esas alabanzas que buscan subirse al carro ganador aunque sólo sea por el olor lejano, lejanísimo, del laurel. Aquellos avisados lectores que me sigan desde hace tiempo sabrán que fui muy crítico con el anterior gobierno cuando gobernaba, por lo que espero no pecar si alabo algo al actual. Tenía que escribir esto como preámbulo para poder dormir tranquilo.
No me ha gustado que el nuevo presidente del gobierno compareciera en el Congreso más de un mes después de su toma de posesión. No me ha gustado la reforma laboral. No me ha gustado la sumisión de De Guindos en Europa. No me gusta Ana Mato.
Sin embargo, y ahí está el quid, todo esto se lo perdono porque parece que tienen un plan, porque parecen un gobierno, porque no les tiembla demasiado la mano, porque no se ve acné. No tiene mérito que se hayan hecho cargo del poder en unas circunstancias como las actuales (sin estas circunstancias no habrían llegado al poder), pero sí lo tiene el que hagan lo que hacen sin confiar en que el tiempo todo lo arregla. Qué favor más enorme les hizo Zapatero dejando el listón donde lo dejó.
Melancolía:Joseph Josep Borrell dijo hace unos días que le parecía sorprendente que fuera un gobierno de derechas el que haya puesto un tope a los sueldos de los directivos de los bancos que reciben ayudas públicas, cuando el gobierno anterior, supuestamente de izquierdas, nada hizo salvo indultar a Sáenz. Es sólo un ejemplo.
Hay muchas esperanzas puestas en este gobierno, aunque sean esperanzas tristes porque los tiempos son negros y vienen recortes y rechinar de dientes. También había muchas esperanzas en Zapatero y en Obama, y ya ven.
No me ha gustado que el nuevo presidente del gobierno compareciera en el Congreso más de un mes después de su toma de posesión. No me ha gustado la reforma laboral. No me ha gustado la sumisión de De Guindos en Europa. No me gusta Ana Mato.
Sin embargo, y ahí está el quid, todo esto se lo perdono porque parece que tienen un plan, porque parecen un gobierno, porque no les tiembla demasiado la mano, porque no se ve acné. No tiene mérito que se hayan hecho cargo del poder en unas circunstancias como las actuales (sin estas circunstancias no habrían llegado al poder), pero sí lo tiene el que hagan lo que hacen sin confiar en que el tiempo todo lo arregla. Qué favor más enorme les hizo Zapatero dejando el listón donde lo dejó.
Melancolía:
Hay muchas esperanzas puestas en este gobierno, aunque sean esperanzas tristes porque los tiempos son negros y vienen recortes y rechinar de dientes. También había muchas esperanzas en Zapatero y en Obama, y ya ven.
viernes, 17 de febrero de 2012
> Vive la France manque pierda
No sé si España tiene un problema de competitividad (seguro que sí), pero lo que desde luego tiene es un problema de competencia: los que trabajan no siempre son los más capaces (digámoslo así). Vuelva usted mañana.
Bajaré al terreno de lo cotidiano, a esa experiencia personal que estadísticamente no representa nada pero que moldea nuestras ideas (las mías no son trascendentes, pero las experiencias personales de Rajoy seguro que influyen más que números y gráficas).
El caso es que salí a comer a un restaurante, y pese a que en la sala había unas veinte mesas y sólo una ocupada, el camarero sólo se acercó para decirnos que si nos importaba ponernos en la mesa de cuatro en vez de en la de cinco. Veinte minutos más tarde ni tan siquiera nos había tomado nota de las bebidas. Nos fuimos.
Nos sentamos en una pizzería donde supusimos que el servicio sería más rápido. Craso error. Estuvimos sentados quince minutos antes de que nos trajeran las cartas, y otros quince esperando que nos tomaran nota: las pizzas tardarían al menos otra media hora. ¿Tardaron tanto porque los camareros estaban desbordados? No, eran tres para quince mesas. También nos levantamos.
Al final nos fuimos a un restaurante chillout regentado por un francés que en menos de un minuto ya nos había puesto las bebidas con unas aceitunas y estaba marchando la comanda en la cocina, y eso que estaba lleno.
Al día siguiente entré en un concesionario de Seat para interesarme por un vehículo que había visto anunciado a un precio ventajoso. Ninguno de los tres empleados me atendió antes de diez minutos, y no porque estuvieran con otros clientes, no, sino porque los tres estaban comentando el golpe que un coche tenía en una puerta. Cuando se dignaron atenderme me dijeron con condescendencia que el modelo ofertado era casi una quimera, que había que pedirlo a fábrica y tardaría más de dos meses... Me he comprado un Peugeot.
Será casualidad, irritación o la semana de Francia en El Corte Inglés. Menos mal que España tiene un buen clima, todavía no nos multan por cruzar la carretera por donde no hay paso de peatones, y que la tortilla francesa es ridícula comparada con la española.
Bajaré al terreno de lo cotidiano, a esa experiencia personal que estadísticamente no representa nada pero que moldea nuestras ideas (las mías no son trascendentes, pero las experiencias personales de Rajoy seguro que influyen más que números y gráficas).
El caso es que salí a comer a un restaurante, y pese a que en la sala había unas veinte mesas y sólo una ocupada, el camarero sólo se acercó para decirnos que si nos importaba ponernos en la mesa de cuatro en vez de en la de cinco. Veinte minutos más tarde ni tan siquiera nos había tomado nota de las bebidas. Nos fuimos.
Nos sentamos en una pizzería donde supusimos que el servicio sería más rápido. Craso error. Estuvimos sentados quince minutos antes de que nos trajeran las cartas, y otros quince esperando que nos tomaran nota: las pizzas tardarían al menos otra media hora. ¿Tardaron tanto porque los camareros estaban desbordados? No, eran tres para quince mesas. También nos levantamos.
Al final nos fuimos a un restaurante chillout regentado por un francés que en menos de un minuto ya nos había puesto las bebidas con unas aceitunas y estaba marchando la comanda en la cocina, y eso que estaba lleno.
Al día siguiente entré en un concesionario de Seat para interesarme por un vehículo que había visto anunciado a un precio ventajoso. Ninguno de los tres empleados me atendió antes de diez minutos, y no porque estuvieran con otros clientes, no, sino porque los tres estaban comentando el golpe que un coche tenía en una puerta. Cuando se dignaron atenderme me dijeron con condescendencia que el modelo ofertado era casi una quimera, que había que pedirlo a fábrica y tardaría más de dos meses... Me he comprado un Peugeot.
Será casualidad, irritación o la semana de Francia en El Corte Inglés. Menos mal que España tiene un buen clima, todavía no nos multan por cruzar la carretera por donde no hay paso de peatones, y que la tortilla francesa es ridícula comparada con la española.
martes, 7 de febrero de 2012
> Spanair y Betamax
Los que se ven en la necesidad de coger aviones de continuo, lo aprecian la primera vez, pero a partir de la quinta ya se sienten asqueados. Quien se haya visto en esas circunstancias sabe la paciencia que se pierde, el tiempo que no se gana y el aborrecimiento a Iberia en particular y a los aeropuertos en general. Sin embargo, con Spanair, había esperanzas: te trataban bien, los aviones salían a su hora y hasta hacían rifas en las que tocaba un viaje a Santiago de Compostela. En Iberia, a las afueras de Madrid, tienen un hangar donde guardan los impresos de reclamaciones que les presentan sus clientes, todos sin contestación.
Con algunas prevenciones está bien ser agradecido, y debemos estarlo con Spanair. Luego ocurrió el terrible accidente de Barajas: parece que las cosas en la sala de máquinas no funcionaban como las sonrisas de las azafatas. También hemos visto las cocinas de VIPS y no se diferencian de las del bar de la esquina, aunque las patatas fritas te las cobran mucho más caras.
Spanair daba mejor servicio que Iberia o que Air Europa (¡Dios nos guarde!). El sistema de vídeo Betamax era mejor que el VHS, pero fue éste el que se impuso (ahora, cien años después, todos calvos). No gana el que se lo merece, sino el que mejor se lo monta.
Con algunas prevenciones está bien ser agradecido, y debemos estarlo con Spanair. Luego ocurrió el terrible accidente de Barajas: parece que las cosas en la sala de máquinas no funcionaban como las sonrisas de las azafatas. También hemos visto las cocinas de VIPS y no se diferencian de las del bar de la esquina, aunque las patatas fritas te las cobran mucho más caras.
Spanair daba mejor servicio que Iberia o que Air Europa (¡Dios nos guarde!). El sistema de vídeo Betamax era mejor que el VHS, pero fue éste el que se impuso (ahora, cien años después, todos calvos). No gana el que se lo merece, sino el que mejor se lo monta.
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