En la sala de espera de una clínica el panel de turnos debería ayudar a los pacientes a sospechar cuándo les va a tocar. No sería mucho pedir, pensamos muchos. Pero no.
Cuando los soldados israelíes o norteamericanos detienen a alguien en una acción armada (un supuesto terrorista, un padre de familia, un vendedor de helados) le esposan las muñecas a la espalda con bridas de plástico y les cubren la cabeza con una bolsa antes de hacerse una foto con su cadáver. ¿Por qué? Entre otras cosas, para desorientarle y que no cause problemas.
En este hospital, los turnos no son números consecutivos, sino una composición de letra y número aleatorios que un ordenador asigna a cada paciente, por lo que nadie puede saber cuántos pacientes están por delante de uno para entrar en consulta. ¿Por qué? Entre otras cosas, para desorientarle y que no cause problemas.
viernes, 27 de abril de 2012
sábado, 21 de abril de 2012
> El discurso del Rey
“Lo siento mucho, no volverá a ocurrir”. Así de lacónica ha sido la disculpa de don Juan Carlos, lo que me inquieta.
El oráculo de Delfos tenía fama en la antigüedad de acertar siempre, pero parte de esa fiabilidad, y así incluso lo reconocían los contemporáneos, se debía a lo que hoy llamaríamos ‘lectura abierta’ del mensaje: un rey se fue muy contento de Delfos cuando la Pitia le vaticinó que ‘destruiría un gran ejército’. Con el tiempo se dio cuenta de que el ejército destruido era ¡el suyo!
Así, nuestro rey no ha dicho qué siente mucho, ni qué es lo que no volverá a ocurrir. Ni por supuesto el porqué. ¿Siente mucho haberse caído, haberse ido a Botswana a cazar elefantes, el ejemplo de derroche cuando en su país pintan tan mal las cosas? ¿No volverá a caerse, no cazará ya ni patos, recortará los gastos de la Casa Real? No lo sabemos, pero lo importante del discurso del rey, que tenía de improvisado y de puesta en escena lo que un sketch de José Mota, es el mensaje en sí, la disculpa de algo: lo que en este país llamado España ya es algo sorprendente.
El oráculo de Delfos tenía fama en la antigüedad de acertar siempre, pero parte de esa fiabilidad, y así incluso lo reconocían los contemporáneos, se debía a lo que hoy llamaríamos ‘lectura abierta’ del mensaje: un rey se fue muy contento de Delfos cuando la Pitia le vaticinó que ‘destruiría un gran ejército’. Con el tiempo se dio cuenta de que el ejército destruido era ¡el suyo!
Así, nuestro rey no ha dicho qué siente mucho, ni qué es lo que no volverá a ocurrir. Ni por supuesto el porqué. ¿Siente mucho haberse caído, haberse ido a Botswana a cazar elefantes, el ejemplo de derroche cuando en su país pintan tan mal las cosas? ¿No volverá a caerse, no cazará ya ni patos, recortará los gastos de la Casa Real? No lo sabemos, pero lo importante del discurso del rey, que tenía de improvisado y de puesta en escena lo que un sketch de José Mota, es el mensaje en sí, la disculpa de algo: lo que en este país llamado España ya es algo sorprendente.
martes, 17 de abril de 2012
> El triunfo del continente (ahora Carrefour)
Recibo correos firmados por el IPad, SMS que dicen venir de un IPhone, cenutrios que pisan fuerte porque se acaban de bajar de un BMW que otros le aparcan. La función no crea el órgano, sino el traje.
Hasta no hace mucho llevar un atuendo que no correspondiera con la categoría social era considerado un delito castigado con las penas más severas. Una persona vestida de noble veía cómo las puertas se abrían ante sí por arte de magia, y había que evitar que los que no lo fueran obtuvieran tales ventajas.
En estos tiempos, qué duda cabe, la vestimenta sigue denotando poder. Pero hay muchos otros envoltorios para que sólo con fijarnos situemos a cada cual donde le corresponde. El barrio en el que se vive, el coche que conducimos, el colegio al que van nuestros hijos o dónde compramos la comida hablan de nosotros sin que tengamos que molestarnos en ir enseñando nuestras nóminas.
Pero ¿qué ocurre si vivimos en un bloque de pisos de seis puertas por planta, si tenemos un Opel Corsa y si hacemos la compra en el Día? Ah, también las empresas nos venden camuflajes para tranquilizarnos: cuántas revoluciones no habrán evitado Nike o Apple.
De trajes e imposturas trata la historia XXXII en “El Conde Lucanor” de Don Juan Manuel. Pero como una metáfora de ella misma, la fama se la llevó Hans Christian Andersen, que vestía un traje danés.
Hasta no hace mucho llevar un atuendo que no correspondiera con la categoría social era considerado un delito castigado con las penas más severas. Una persona vestida de noble veía cómo las puertas se abrían ante sí por arte de magia, y había que evitar que los que no lo fueran obtuvieran tales ventajas.
En estos tiempos, qué duda cabe, la vestimenta sigue denotando poder. Pero hay muchos otros envoltorios para que sólo con fijarnos situemos a cada cual donde le corresponde. El barrio en el que se vive, el coche que conducimos, el colegio al que van nuestros hijos o dónde compramos la comida hablan de nosotros sin que tengamos que molestarnos en ir enseñando nuestras nóminas.
Pero ¿qué ocurre si vivimos en un bloque de pisos de seis puertas por planta, si tenemos un Opel Corsa y si hacemos la compra en el Día? Ah, también las empresas nos venden camuflajes para tranquilizarnos: cuántas revoluciones no habrán evitado Nike o Apple.
De trajes e imposturas trata la historia XXXII en “El Conde Lucanor” de Don Juan Manuel. Pero como una metáfora de ella misma, la fama se la llevó Hans Christian Andersen, que vestía un traje danés.
martes, 10 de abril de 2012
> Cocido milagroso
En la calle ‘Séptimo Miau’ de Málaga siempre ocurren cosas curiosas, y eso que está enfrente de El Corte Inglés Bahía, que le auguraba una burguesa somnolencia.
Hace unos días, un vecino airado aireó un cocido por los aires y lo tiró por la ventana en dirección al suelo, al que llegó en plena expansión. Vean el triste espectáculo. Un cocido con su tocino y su añojo. Por suerte no le cayó a un estudiante de la UNED, que ocupa los bajos, ni a un cliente de los grandes almacenes, que hubiera sido peor.
Lo curioso del caso, para el hecho en sí, es que al cabo del rato, cuando volví a pasar, el suelo ya estaba limpio. Como los servicios de limpieza no obran milagros, supongo que el aireador o aireadora de cocidos recogió lo que antes había ensuciado.
Ése es el milagro.
Hace unos días, un vecino airado aireó un cocido por los aires y lo tiró por la ventana en dirección al suelo, al que llegó en plena expansión. Vean el triste espectáculo. Un cocido con su tocino y su añojo. Por suerte no le cayó a un estudiante de la UNED, que ocupa los bajos, ni a un cliente de los grandes almacenes, que hubiera sido peor.
Lo curioso del caso, para el hecho en sí, es que al cabo del rato, cuando volví a pasar, el suelo ya estaba limpio. Como los servicios de limpieza no obran milagros, supongo que el aireador o aireadora de cocidos recogió lo que antes había ensuciado.
Ése es el milagro.
viernes, 30 de marzo de 2012
> Se ofrece esclavo
Había una película en la que un catedrático de derecho se ofrecía como esclavo. El que se anuncia no parece ser catedrático, sino licenciado, pero se ofrece para redactar los trabajos que estudiantes poco honestos no desean hacer. A cambio de dinero, claro. El lugar del anuncio es propicio, entre la UNED de Málaga y El Corte Inglés.
Poco antes de hacer esta foto vi desde el coche a dos personas arrancando con palancas un pivote de hierro fundido en una zona residencial. Al salir de casa, otras personas quitaban con impaciencia el hormigón de un encofrado para vender el hierro.
Hay días en los que uno piensa que todo se va al garete o qué antiguo que es uno.
Poco antes de hacer esta foto vi desde el coche a dos personas arrancando con palancas un pivote de hierro fundido en una zona residencial. Al salir de casa, otras personas quitaban con impaciencia el hormigón de un encofrado para vender el hierro.
Hay días en los que uno piensa que todo se va al garete o qué antiguo que es uno.
sábado, 24 de marzo de 2012
> Rostro no: cara
Parece que la Sábana Santa ha salido de exposición y ha recalado en la Catedral de Málaga durante unas semanas. Se entiende que antes no saliera a ningún sitio más allá de Turín, pero ahora que hay dudas fundadas sobre su autenticidad, importa menos prestarla porque el dolor de su pérdida sólo aumentaría una fama en declive gracias al radiocarbono.
Cuando me acerqué a la entrada, curioso, parecía que estaban vendiendo los muebles de la abuela. La visita cuesta ocho (8) euros, lo que ya son euros en tiempos de crisis para ver algo que muy probablemente no sea lo que pretende (y por lo que se oferta a 8 euros). Pero en fin, buenos serán esos euros para la iglesia y bueno es que cada cual se gaste el dinero propio en lo que quiera, faltaría más. En este tipo de cosas podemos equivocarnos como mejor nos plazca.
En cualquier caso, les recomiendo que lean el artículo de Wikipedia sobre el tema (y luego observen las bambalinas, nunca mejor dicho, en http://es.wikipedia.org/wiki/Discusi%C3%B3n:Sudario_de_Tur%C3%ADn). Los resquicios por los que se puede escurrir su falsedad serían un buen argumento para Crichton.
Ah, se me olvidaba un pequeño detalle: en la exposición se muestra un facsímil de la Sábana Santa, no el original, circunstancia que no se advierte antes de pasar por caja (de hecho, todo hace pensar lo contrario). Ah, qué caros cuestan los zapatos de Prada pero qué baratos salen.
Cuando me acerqué a la entrada, curioso, parecía que estaban vendiendo los muebles de la abuela. La visita cuesta ocho (8) euros, lo que ya son euros en tiempos de crisis para ver algo que muy probablemente no sea lo que pretende (y por lo que se oferta a 8 euros). Pero en fin, buenos serán esos euros para la iglesia y bueno es que cada cual se gaste el dinero propio en lo que quiera, faltaría más. En este tipo de cosas podemos equivocarnos como mejor nos plazca.
En cualquier caso, les recomiendo que lean el artículo de Wikipedia sobre el tema (y luego observen las bambalinas, nunca mejor dicho, en http://es.wikipedia.org/wiki/Discusi%C3%B3n:Sudario_de_Tur%C3%ADn). Los resquicios por los que se puede escurrir su falsedad serían un buen argumento para Crichton.
Ah, se me olvidaba un pequeño detalle: en la exposición se muestra un facsímil de la Sábana Santa, no el original, circunstancia que no se advierte antes de pasar por caja (de hecho, todo hace pensar lo contrario). Ah, qué caros cuestan los zapatos de Prada pero qué baratos salen.
lunes, 19 de marzo de 2012
> Mercachino
El presidente de Mercadona, Joan Roig, ha saltado a los titulares de los periódicos por la opinión de que deberíamos fijarnos en la ‘cultura del esfuerzo’ de los bazares chinos. No podría estar más de acuerdo en la literalidad del pensamiento. Pero dicho así, uno cree entender que a lo que se refiere el Sr. Roig no es a la ‘cultura del esfuerzo’, sino al ‘modelo de bazar chino’ (lo otro es una obviedad).
Como tengo espíritu calvinista me parece muy admirable que los bazares chinos abran catorce horas al día, casi siempre con el mismo personal que si abrieran sólo ocho. Sin embargo, el ‘modelo chino’ también implica, para ahorrar costes, una ausencia total de valor añadido. No es sólo el aspecto espartano y poco apetecible de las tiendas, sino la racanería en la inversión, el trato muchas veces justo (por no decir hosco) al cliente, la mala calidad de los productos… Sí, los chinos trabajan muchas horas, muchísimas, pero su única ventaja es el precio.
No es precisamente éste el modelo con el que ha triunfado Mercadona, y eso lo sabe bien el Sr. Roig. Si nadie hace algo por nada, la pregunta pertinente es: ¿qué intenta conseguir el dueño de Mercadona?
Como tengo espíritu calvinista me parece muy admirable que los bazares chinos abran catorce horas al día, casi siempre con el mismo personal que si abrieran sólo ocho. Sin embargo, el ‘modelo chino’ también implica, para ahorrar costes, una ausencia total de valor añadido. No es sólo el aspecto espartano y poco apetecible de las tiendas, sino la racanería en la inversión, el trato muchas veces justo (por no decir hosco) al cliente, la mala calidad de los productos… Sí, los chinos trabajan muchas horas, muchísimas, pero su única ventaja es el precio.
No es precisamente éste el modelo con el que ha triunfado Mercadona, y eso lo sabe bien el Sr. Roig. Si nadie hace algo por nada, la pregunta pertinente es: ¿qué intenta conseguir el dueño de Mercadona?
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