lunes, 16 de diciembre de 2013

> ¿Era un funeral?

Aún recuerdo que, cuando niño, asistí al funeral de la abuela de un amigo y no podía contener la risa. No había nada gracioso en todo aquello, pero la misma seriedad del acto y los nervios de la primera vez me hacían ver cada acto risible.

El pasado día 10 no salía de mi asombro cuando escuchaba a los comentaristas de Radio Nacional de España retransmitir en directo el funeral de Nelson Mandela. No perdían ocasión de ver el lado gracioso de cada hecho, de cada circunstancia. Esa noche vi por televisión las auténticas noticias del acto, que nada tenían que ver con Mandela, sino con el saludo de Obama a Raúl Castro, la impostura del intérprete del lenguaje de signos, los ‘selfies’ y el presunto flirteo de Obama con la primera ministra danesa Helle Thorning. Y todos muy sonrientes y divertidos.

Pensaba que un funeral era un acto de reconocimiento para el difunto y no una excusa para relajarse con los compadres. Pero lo peor es que nadie parece haber reparado en esto.

martes, 10 de diciembre de 2013

> Cómo hacer limpieza en casa en un puente de diciembre con Mozart

Que me perdone Mozart, pero he escuchado tantas veces su Sinfonía número 25 que he pasado de admirarla a valorarla utilitariamente: la he puesto para hacer limpieza en casa. Primero porque me marca un estado de ánimo necesario para tales tareas, que nunca puede ser derrotista, y segundo porque me indica los tiempos para cada cosa.

En el primer movimiento los empujes largos de los violines me incitan a pasar la fregona; los cortos, a retirar el polvo de los estantes: el que empieza tiene ya la mitad del trabajo hecho. En el segundo movimiento, ya algo cansado por el frenesí del primero, toca contemplar lo hecho admirando los pizzicatti mientras se repasan las esquinas, lugares de frecuente discusión. Con el resuello recuperado, el tercero infunde ánimos redoblados para acabar, pero ya con seriedad barroca, entrando en un cuarto movimiento de transición hacia la copa de reserva de Somontano de 2007. Los cristales se quedan siempre para la Sinfonía número 40.

¡Ay, cómo está el servicio…!

miércoles, 4 de diciembre de 2013

> Uno de los nuestros

Hace unos días el gobierno valenciano cerró la televisión pública Canal 9 porque parece que no hay dinero para mantenerla. Cuando algunos trabajadores de la cadena supieron de estas intenciones hace un par de semanas, tuvieron un ataque de sinceridad: viéndose en el paro, dijeron que habían manipulado información para favorecer los intereses políticos del gobierno valenciano, dijeron que no habían sido ecuánimes en las informaciones, etc.

El ex ministro de economía Pedro Solbes ha presentado estos días un libro en el que reconoce sin pudor que no dijo toda la verdad sobre la crisis porque la proximidad de unas elecciones no es el momento idóneo para la honestidad. Ni los periodistas de Canal 9 ni el ex ministro dimitieron cuando debían, quizá por motivos distintos, pero por el mismo fin: mantener el puesto a costa de lo que sea.

Hace unas semanas Jordi Évole entrevistó al escritor Arturo Pérez Reverte. Se confesó pesimista, y adelantó que la ciudadanía quiere que pase la crisis… para volver a los desmanes anteriores que tanto les favorecieron.

Es otro apunte de por qué los casos de corrupción y pillaje no tienen un coste electoral (ni, de hecho, casi ningún coste): muchos son los beneficiarios de EREs, facturas falsas, IVA, subvenciones, contratos amañados… y el resto, que lo hay, “son buenas gentes que viven, / laboran, pasan y sueñan, / y en un día como tantos, / descansan bajo la tierra”. Pero antes, pagan las facturas de otros.

jueves, 28 de noviembre de 2013

> Mariano Manostijeras

El título de este artículo vendría muy a pelo si fuera a hablar de los recortes gubernamentales, vasto y a veces basto campo. Sin embargo el tema que me ocupa es otro, el de las concertinas.

Nos hemos enterado que van a renovar la coronación de la valla perimetral de Melilla con un tipo de alambre que intercala unas cuchillas. El objetivo es disuadir a los desesperados que noche tras noche intentan asaltarla. La fiscalía está investigando el caso, la defensora del pueblo ha manifestado su contrariedad: dudo de que esas cuchillas vayan a acobardar a personas que vienen en penosas condiciones desde miles de kilómetros y no tienen nada que perder.

El día veintiuno de noviembre el Congreso votó en contra de pedirle al gobierno que no las instalara gracias a los votos del PP; y ese mismo día el presidente del gobierno, en una entrevista a Radio Nacional, se mostró partidario de su uso. Anteayer el ministro del ramo justificó su uso con argumentos impropios de un responsable, y ayer el presidente dijo que se estaban buscando alternativas.

Señor presidente del gobierno, para cuando lea usted este artículo: dé orden de no instalar tan brutal alambre. Si no lo hace por razones humanitarias o de conciencia, piense que más tarde o más temprano se verán fotos de inmigrantes cortados y todos se lo echarán en cara. Hágalo al menos por usted.

viernes, 22 de noviembre de 2013

> El mundo no es suficiente

Decía Pessoa que la literatura era la prueba de que la vida no es suficiente. A poco que tengamos el estómago lleno, me atrevería a decir que tampoco es suficiente nuestro móvil, el matrimonio o sólo una copa de buen vino. ¿Qué nos conmueve y emociona hoy? La humanidad es tan diversa como su circunstancia, y en cada lugar hay personas de muy diferente condición. A todas les espolea el miedo al hambre, la protección de los suyos y el sexo; pero ese éxtasis que es la literatura del que hablaba Pessoa, salir fuera de uno para conocer de otras vidas y otras historias no vividas, ya no es lo que fue.

Durante miles de años el viaje a otros mundos se hacía leyendo o escuchando. Hoy los jóvenes leen mucho menos, quizá lo imprescindible para aprobar la asignatura, y las historias habladas han sido arrinconadas por nuevos hábitos de vida. La necesidad de dejar volar la imaginación se satisface hoy con medios técnicos (televisión, videojuegos, Internet), y quizá esta nueva forma es igualmente válida, quizá, pero para los que venimos de otros reinos parece una mera sombra de lo real. No hay en los efímeros medios actuales nada que se pueda comparar ni de lejos (perdón por la comparación) con una página de Juan Rulfo, Miguel Hernández o Paul Auster. Quizá esté por venir, ya que son expresiones muy nuevas; pero yo, que como he dicho vengo de otros reinos, esperaré sentado en la insatisfacción quizá viendo un programa de televisión.

martes, 12 de noviembre de 2013

> Vacío



Esta imagen no es flor de un día ni producto de un incivismo puntual y desaprensivo. Hay vecinos en la zona que cuando hacen obras vierten los escombros junto a los contenedores. Hay viveros que echan sus desperdicios allí. Cuando a alguien le sobra un mueble, sabe dónde tirarlo. Pero sobre todo, muchos no se molestan ni tan siquiera en echar las bolsas de basura (¡si las usaran!) donde debieran. Nadie se queja, es muy cómodo, casi todo el mundo lo hace…

Lo peor de esta foto no es que a diez metros haya una parada de autobús escolar, ni que esté junto a un río y a merendero que jamás nadie ha usado por estar junto a un vertedero. No, lo peor de esta foto es lo que no se ve: que los contenedores están vacíos.

lunes, 4 de noviembre de 2013

> Las ideas

Lo peor que le puede ocurrir a alguien (¡y a los demás!) es tener una opinión. La historia nos muestra los efectos devastadores de personas que tenían una idea, desde Akenatón a Stalin pasando por Cromwell y Franco; los que no hicieron gala de sus opiniones descansan sin embargo en los cementerios, y no causaron más dolor a sus semejantes que el roce cotidiano de la vida.

Las ideas son malas porque se abren paso por las entrañas, si el temperamento y las circunstancias lo permiten, y arrasan con cualquier otra que se le oponga. Uno empieza leyendo “El País” y “El Mundo” hasta que las propias ideas se sobreponen a ese sindiós y se deja de comprar el que no dice lo que queremos escuchar. Pero las ideas, las propias, no se contentan con parasitar la mente de un individuo, sino que aspiran a ser plaga y a expandirse sin remedio, de ahí su maldad. Las ideas hacen que levantemos la voz en el bar, que discutamos con nuestro cuñado en la paella de los domingos y que pulsemos el botón rojo. Las ideas no admiten contrapartes y, una vez en la lucha, no reparan en medios ni en gastos: matadlos a todos, dios distinguirá a los suyos.

Las ideas mueven el mundo, es cierto, pero como preparativo para su dominación. El capitalismo, el socialismo, el catolicismo, el nacionalismo y hasta la pertenencia a un simple equipo de fútbol o de cuadriga son los responsables de grandes calamidades. Sin embargo, pese a toda evidencia, carecer de ideas tiene muy mala fama; es un insulto, de hecho. Nadie reconoce no tener ideas, salvo un excéntrico o un bobo. La idea es la adscripción y la muestra de un poder, como el trasero de un babuino, y sólo los que no están en ese juego pueden prescindir de ellas, pagando el coste del excéntrico o el desprecio del bobo.