lunes, 4 de noviembre de 2013

> Las ideas

Lo peor que le puede ocurrir a alguien (¡y a los demás!) es tener una opinión. La historia nos muestra los efectos devastadores de personas que tenían una idea, desde Akenatón a Stalin pasando por Cromwell y Franco; los que no hicieron gala de sus opiniones descansan sin embargo en los cementerios, y no causaron más dolor a sus semejantes que el roce cotidiano de la vida.

Las ideas son malas porque se abren paso por las entrañas, si el temperamento y las circunstancias lo permiten, y arrasan con cualquier otra que se le oponga. Uno empieza leyendo “El País” y “El Mundo” hasta que las propias ideas se sobreponen a ese sindiós y se deja de comprar el que no dice lo que queremos escuchar. Pero las ideas, las propias, no se contentan con parasitar la mente de un individuo, sino que aspiran a ser plaga y a expandirse sin remedio, de ahí su maldad. Las ideas hacen que levantemos la voz en el bar, que discutamos con nuestro cuñado en la paella de los domingos y que pulsemos el botón rojo. Las ideas no admiten contrapartes y, una vez en la lucha, no reparan en medios ni en gastos: matadlos a todos, dios distinguirá a los suyos.

Las ideas mueven el mundo, es cierto, pero como preparativo para su dominación. El capitalismo, el socialismo, el catolicismo, el nacionalismo y hasta la pertenencia a un simple equipo de fútbol o de cuadriga son los responsables de grandes calamidades. Sin embargo, pese a toda evidencia, carecer de ideas tiene muy mala fama; es un insulto, de hecho. Nadie reconoce no tener ideas, salvo un excéntrico o un bobo. La idea es la adscripción y la muestra de un poder, como el trasero de un babuino, y sólo los que no están en ese juego pueden prescindir de ellas, pagando el coste del excéntrico o el desprecio del bobo.

miércoles, 30 de octubre de 2013

> Usted

Parece que ha ganado el tuteo. Se escuchan con facilidad ‘Mariano’ y ‘Soraya’ para referirse al presidente y vicepresidenta del gobierno (y a la portavoz de la oposición), e incluso hace unos días escuché a un contertulio hablando en TVE de la ‘chica’ para referirse a Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía. Más de una vez me he sorprendido a mí mismo tratando de usted a alguien que me tuteaba con soltura, e incluso esta mañana una directora de banco a la que no había visto en mi vida me llamó de tú nada más estrecharme la mano: antes, o en otras latitudes, el dinero alquilaba el señorío sólo con mostrarlo. Ya no.

Sin embargo hay excepciones, curiosas. Ahora se trata de ‘usted’ a los delincuentes o presuntos. Y no me refiero sólo a esos pleonasmos de ‘señor Bárcenas’, ‘señor Roca’ o ‘señor Urdangarín’, sino a los que la policía detiene por la calle para pedirles el DNI: “- Por favor, caballero, ¿me enseña su documentación?” Hay que marcar distancia, ponerse los guantes del verbo para tratar con según qué personas. Para eso sirve ya el ‘usted’: no para respeto, sino para higiene.

jueves, 10 de octubre de 2013

> Abrir el periódico

Hay días que abrir el periódico puede suponer encontrarse con este panorama:

'Hola. Me llamo Benjamín Serra, tengo dos carreras y un máster y limpio WCs'

Muere una ucraniana arrollada por un tren mientras practicaba sexo

Un hombre mata a su hermano, lo descuartiza y lo mete en el congelador

El motivo de traer estos titulares no es hablar del horror, la mala suerte o la injusticia, sino hacer una pregunta: ¿son noticias para un periódico? Sí, es el mismo rotativo que destapa a Bárcenas y a los ERE, a Urdangarín y a los elefantes del Rey, et alii (un largo alii).

Esto es ya el día a día de la prensa en nuestro pequeño y menguante país. Antes existía ‘El Caso’, un periódico de noticias truculentas que tenía su público, pero que fue desplazado por la modernidad. Hace unos años tuve correspondencia con el editor de ‘El Mundo’ sobre la publicación de unas fotos de niñas provocativas para ‘ilustrar’ un reportaje sobre la pederastia: sí, reconocía lo truculento, pero ¡había que mostrar algo para hacernos una idea! Y gracias que no se decidieron a publicar fotos aún más deleznables, que las tenían.

El asunto es que en otros países, periódicos de referencia como ‘El Mundo’ no publican así las cosas, no describen el proceso que llevó a la víctima desde el tajo al congelador. Debe ser el carácter latino, paralelo a la prima de riesgo.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

> No somos nadie, y en un blog menos

Una mujer está a punto de cruzar por el paso de peatones, pero parece que se arrepiente y enciende nerviosa un cigarrillo. Un coche para a su altura y arranca molesto cuando ve que no va a atravesar la calle. Es una mujer que entra en los cincuenta y viste ropa de rastrillo, de colores apagados y planos y formas holgadas. El conductor piensa que esa anodina mujer podría ser él. Ella parece adivinar su pensamiento cuando pasa el conductor a su lado y ve cómo se aleja.

Hay muchas personas que llevan una vida gris llena de rutina y pocas y torpes alegrías desde la perspectiva de un coche a punto de cruzar un paso de peatones, y lo saben.

martes, 3 de septiembre de 2013

> Mi teoría sobre Bárcenas

El caso Bárcenas ha seguido chirriando este verano (es el ‘ruido’ del que habla Rajoy). Las noticias no han estado de vacaciones, pero su naturaleza es fugacísima, y bastan un par de días sin estar conectado para que a la novedad de ayer la empuje al olvido la de hoy.

Por decirlo claro y sin circunloquios, que estamos en verano, creo que Rajoy debería dimitir. No sólo no ha dicho la verdad, sino que ha intentado no decir nada, ni tan siquiera a través de una pantalla de plasma sobre un pedestal. Y cuando habla, lo hace con SMS y a la persona equivocada. En un país razonable uno se va a su casa por mucho menos, y aquí deberíamos ir pensando en copiar lo bueno de los demás, empezando por el presidente del gobierno, que desde hace dos legislaturas se escribe con minúsculas.

Y el caso es que creo que Rajoy es inocente. Veamos, inocente en el sentido de que no pensaba que estaba delinquiendo, lo que no le quita culpabilidad. Vio normal los sobresueldos, llegó a apaños con sus pares y agradeció con una sonrisa las donaciones empresariales. Bueno, son cosas que se hacen y no pasa nada, como no pedir factura con IVA al fontanero.

Ahora que se ha empezado a destapar el asunto, se da cuenta de que es el presidente del gobierno y no puede admitirlo. Además, no es muy brillante ni valeroso, y él lo sabe. Trata de ocultarlo parche a parche; cuando puede niega y cuando no, calla. Y así estamos, no se va porque cree que es su obligación quedarse, cuando otros creen que justamente es la contraria.

viernes, 16 de agosto de 2013

> “No tuta Micky Mouse”

Es difícil encontrar una aberración mayor que un parque temático. Estos lugares de cartón piedra en todos los sentidos, para ganar dinero, necesitan que haya mucha más gente de la que cabe a la vez en todas las atracciones. Restemos a ese aforo lúdico los que van de un lado para otro, los que están comiendo algo y los que están en el baño: el resultado es que hay que hacer esperar en largas, largas colas a los miles de usuarios que sobran. Delante de cada atracción hay un laberinto de callejones como de ganado para que las filas de penitentes vayan procesionando despacio hasta la buscada meta en paciente orden y consumiendo refrescos.

Las técnicas de segmentación de mercado ayudan a exprimir los bolsillos de los visitantes para que se gasten lo más posible. Las entradas, ya de por sí caras, se ven aderezadas por un aparcamiento obligatorio. En algunos, te invitan a no entrar comida. Los precios de los restaurantes (llamémosles así) son curiosamente iguales y elevados, y sirven la misma horrible pitanza para estabulados que te daría una malvada madrastra.

Sin embargo, quienes se gastan su amor propio y su dinero en acudir a alguno de esos antros de falsedad no pueden por menos que recomendar a otros incautos la experiencia, no vaya a ser que piensen que uno es más raro de lo que quisiera que notasen. Y, ya perdidos el honor y la cartera, al menos sacarle algún provecho a la vergüenza propia y a esos eslabones que constituyen la cadena de las relaciones sociales.

martes, 6 de agosto de 2013

> Tonterías las justas: “Ya veremos”

El cansancio es el motor de la humanidad: gracias a que no se quería correr mucho para cazar se inventó el arco, y porque lavar la ropa es un fastidio se fabricaron las lavadoras. Así, cuando tras una jornada laboral o un caluroso día de viaje en coche nuestro hijo nos pide algo que no queremos conceder, decimos “ya veremos”. Es un conjuro mágico que transforma nuestro cuerpo en un objeto romo y resbaladizo: no hemos dicho que no, así que no se nos puede cansar más argumentando en contra; y tampoco hemos dicho que sí, por lo que no estamos comprometidos a nada.

Después de unos cuantos usos, nuestros hijos saben lo que significa esa frase, y no suelen insistir con la tenue esperanza de que se equivoquen y con la amenaza latente de que la insistencia acabe en un ‘no’ clarificador. Pero como toda flecha con el uso se embota, los hijos argumentan “ad hominem”: - “Papá, siempre que dices eso significa luego que no”.

Y qué alma paterna, por muy cansada que esté atravesando a la hora de la siesta las carreteras de La Mancha, puede responderle a su hijo: - “Pues sí, niño, significa que nunca”.